El Ejército de Tierra de España enfrenta un proceso de renovación antiaérea que va bastante más lento de lo previsto. Los objetivos iniciales para incorporar nuevas capacidades y equipos acumulan retrasos, pese a un entorno presupuestario más favorable y a un momento en que la amenaza de los sistemas aéreos ocupa el centro de la agenda de defensa.
Lo que ya no está
El primer problema es de bajas sin reemplazo. Los sistemas Roland y Aspide fueron dados de baja sin que se adquiriera ningún medio para ocupar su lugar. El Roland, sobre chasis oruga, cumplía una función de acompañamiento a unidades acorazadas y mecanizadas; el Aspide ofrecía capacidad para desplegar baterías en instalaciones de alto valor. Esas capacidades, al día de hoy, no están cubiertas.
A eso se suma el efecto de las transferencias a Ucrania. El Ejército de Tierra cedió varios lanzadores del sistema de misiles tierra-aire Hawk y lotes de misiles tanto de ese sistema como del Patriot. El resultado fue una reducción adicional de un potencial antiaéreo que, en palabras del análisis de Octavio Díez Cámara publicado por Defensa.com, hoy se muestra como imprescindible.
Lo que sí queda operativo descansa en parte en equipos que llevan décadas en servicio. Los regimientos del Mando de Artillería Antiaérea (MAAA) y las unidades antiaéreas de las brigadas operan con cañones bitubo GDF-005/007 asociados a 24 direcciones de tiro SkyDor, cuya puesta al día fue aprobada por Navantia Sistemas para extender su vida útil hasta 2030.
Lo que viene, pero despacio
El Gobierno autorizó algunas inversiones. Está en camino un lote de 522 misiles Mistral 3, aunque el análisis lo califica de especialmente escaso para la situación actual y señala que sería óptimo contar con un lote adicional similar o superior. Esos misiles irán acompañados de un proceso de mejora de los actuales 180 puestos de tiro, previsto para ejecutarse entre 2026 y 2029.
También avanza la modernización de cuatro baterías del sistema NASAMS, con más lanzadores y equipos que las llevarán a la versión 2+ en unos pocos años. A eso se agrega la llegada de cuatro nuevas baterías Patriot PAC-3, que en principio reemplazarían a las tres actuales PAC-2, incluyendo una destacada en Turquía desde fines de 2014.
Sin embargo, el análisis advierte que buena parte de los materiales pendientes —entre ellos los misiles AIM-120 AMRAAM y PAC-3 MSE— son fabricados por empresas estadounidenses en Estados Unidos, lo que hace previsibles demoras en su llegada definitiva. Con información de fuentes abiertas, el texto concluye que su puesta en servicio activo real antes de que acabe la década no parece consolidada, y que la operatividad completa podría llegar años después.
Programas que todavía no arrancaron
Al menos tres nuevas baterías antiaéreas están programadas para reemplazar a los Hawk. Los modelos que se postulan para ese rol son el NASAMS ER de alcance extendido, el IRIS-T SLM y el CAMM-ER. La selección dependerá en parte de la participación de la industria española en el proceso, y el análisis estima que desde la decisión hasta la recepción no pasarán menos de cuatro años, con lo que su llegada quedaría para bien entrada la próxima década.
También está postergada una variante antiaérea móvil del Mistral 3, que incluiría una torreta para dos o cuatro misiles y un pedestal de sensores. El contrato al respecto no se ha abordado. El análisis menciona además que la evolución de la amenaza hace previsible la incorporación futura de interceptores basados en drones de alta velocidad desarrollados por empresas nacionales, aunque eso está en el terreno de la proyección, no de programas formalizados.
El diagnóstico del texto es directo: la situación actual no es la óptima, y el hecho de que los plazos de obtención se extiendan agrava un proceso que, según Díez Cámara, debería ser prioritario tanto en dotación económica como en voluntad de obtención.