Dos decisiones de escala histórica dominaron la agenda de defensa global esta semana. Rusia planea destinar 17,1 billones de rublos, equivalentes a unos 201.000 millones de dólares, a su presupuesto militar en 2027. La cifra representa un incremento de aproximadamente el 27% respecto de los 13,5 billones de rublos que Moscú había contemplado previamente para ese año.
El presupuesto ruso y el déficit
El salto presupuestario llega acompañado de otra señal de tensión fiscal: el déficit presupuestario ruso para el año en curso se espera que alcance el doble de lo que el propio gobierno había proyectado. Rusia lleva más de dos años sosteniendo una economía de guerra a una escala que sus propias estimaciones iniciales subestimaban. El aumento en el gasto de defensa no es un fenómeno aislado de 2027, sino la continuación de una curva ascendente sostenida desde el inicio de la invasión a Ucrania en 2022, que fue empujando cada vez más recursos del Estado hacia el sector militar a expensas de otros rubros del presupuesto. Que el déficit duplique las previsiones oficiales sugiere que esa presión fiscal ya está superando los márgenes que el Kremlin había calculado.
El contrato AMRAAM de Raytheon
Cliff — CC BY 2.0
Del otro lado, el Departamento de Guerra de los Estados Unidos anunció el 25 de septiembre un contrato plurianual a Raytheon por hasta 20.700 millones de dólares para la producción de misiles AMRAAM. El acuerdo cubre misiles completos, secciones de guiado de repuesto y trabajos relacionados. La compañía afirmó que el contrato llevará la producción del AMRAAM a niveles récord.
El AIM-120 AMRAAM es el misil aire-aire de medio alcance más extendido entre las fuerzas de la OTAN y sus aliados. Opera en modo activo de radar, lo que permite al piloto romper el enganche con el blanco una vez lanzado. Su uso se intensificó con la guerra en Ucrania, donde Kyiv los emplea desde sistemas de defensa antiaérea en tierra, lo que aceleró la necesidad de recomponer stocks tanto propios como de aliados europeos que cedieron inventario. La escasez de munición de precisión expuesta por ese conflicto fue la señal más clara de que las líneas de producción de Occidente no estaban calibradas para una guerra de desgaste prolongada. Este contrato plurianual apunta directamente a corregir eso.
Dos economías en pie de guerra
Aunque se trata de decisiones tomadas en capitales distintas y con lógicas propias, el cuadro que componen juntas es el mismo. Tanto Moscú como Washington están invirtiendo en escalar su capacidad industrial de defensa a ritmos que en tiempos de paz hubieran resultado políticamente difíciles de justificar. Rusia lo hace asumiendo un desequilibrio fiscal creciente. Estados Unidos lo hace con contratos plurianuales que dan certeza a los fabricantes para ampliar líneas de producción sin depender de aprobaciones presupuestarias año a año.
Para el resto del mundo, y en particular para países que dependen de la cadena de suministro occidental en materia de armamento, el contrato de Raytheon es una señal con consecuencias prácticas. Más producción de AMRAAM significa, en principio, mayor disponibilidad para exportación hacia aliados que también necesitan recomponer inventarios.