Italia encargó dos destructores DDX por 3.700 millones de euros
OCCAR y la empresa estatal OSN firmaron el contrato para construir dos destructores de nueva generación destinados a la Marina italiana. Las entregas están previstas para 2033 y 2035.
OCCAR y la empresa estatal OSN firmaron el contrato para construir dos destructores de nueva generación destinados a la Marina italiana. Las entregas están previstas para 2033 y 2035.
La Organización Conjunta de Cooperación en materia de Armamento (OCCAR) formalizó el contrato con OSN, la joint venture integrada por Fincantieri y Leonardo, para la construcción de dos destructores DDX para la Marina italiana. El valor del acuerdo es de 3.700 millones de euros, equivalente a unos 4.200 millones de dólares. El primero de los buques está programado para su entrega en 2033 y el segundo en 2035.
En un comunicado conjunto, Fincantieri y Leonardo describieron el programa DDX como destinado a "redefinir el perfil de capacidades de la Marina italiana en el campo de la defensa aérea y antimisiles". Esa promesa no es retórica menor: los destructores actuales de la flota italiana, los de la clase Orizzonte construidos a principios de los 2000 en cooperación con Francia, acumulan ya más de dos décadas de servicio y el salto tecnológico que promete el DDX apunta directamente a cubrir la creciente demanda de defensa de área en el Mediterráneo.
El contrato recayó en OSN, la sociedad conjunta formada por los dos gigantes industriales italianos del sector defensa. Fincantieri es el principal constructor naval de Italia y uno de los astilleros más grandes de Europa, con experiencia en buques militares de superficie para varias marinas. Leonardo, por su parte, aporta los sistemas de combate, radares y electrónica embarcada que hacen al corazón de un destructor moderno. La combinación de ambas empresas bajo un mismo consorcio refleja un modelo ya conocido en Europa: concentrar capacidad industrial estatal para competir y ejecutar programas de esta escala sin depender de socios extranjeros.
OCCAR, con sede en Bonn, es la agencia intergubernamental que gestiona programas de adquisición de defensa en nombre de sus países miembros, entre ellos Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, España y Bélgica. Su rol en este contrato es el de autoridad contratante en nombre de Italia, un esquema habitual para programas navales de alta complejidad en el continente.
El contexto estratégico no es ajeno a la urgencia del programa. El Mediterráneo volvió a convertirse en un eje de tensión naval en los últimos años, con presencia militar rusa sostenida, la guerra en Ucrania redibujando las prioridades de la OTAN y la proliferación de misiles de crucero y drones marítimos que desafían las capacidades de defensa puntual de las flotas tradicionales. Para Italia, con una costa extensa y responsabilidades en el flanco sur de la alianza atlántica, contar con destructores capaces de gestionar amenazas aéreas complejas dejó de ser una aspiración de largo plazo para convertirse en una necesidad operativa concreta.
El DDX es todavía un programa en construcción: ni los buques existen ni las capacidades específicas están probadas. Las cifras del contrato son el costo proyectado para edificar esa capacidad desde cero, no un gasto ya ejecutado. Lo que sí es un hecho consumado es la firma del acuerdo y el compromiso financiero que implica, que convierte al DDX en uno de los programas navales más costosos que Italia haya encarado en décadas.