El Ejército de los Estados Unidos adjudicó a Lockheed Martin un contrato de tipo IDIQ (entrega y cantidad indefinidas) por hasta 1.200 millones de dólares para producir el Precision Strike Missile Increment 2, conocido como PrSM Increment 2. El acuerdo cubre la adquisición inicial, posibles pedidos futuros, producción en serie y el desarrollo continuo de esta nueva variante del misil.
El salto de la segunda generación
Sgt. Perla Alfaro — Public domain
El PrSM Increment 2 no es una actualización menor. Donde el Increment 1 fue diseñado para atacar blancos terrestres, esta segunda generación agrega la capacidad de interceptar objetivos navales en movimiento, lo que amplía el rol del sistema hacia la guerra antibuque. Esa capacidad quedó demostrada en una segunda prueba de vuelo que precedió directamente a la adjudicación del contrato, y que validó que el misil puede encontrar y golpear blancos marítimos en condiciones reales.
El PrSM surgió para reemplazar al ATACMS, el misil balístico táctico que equipó al Ejército estadounidense durante décadas. A diferencia de su antecesor, el PrSM fue diseñado desde el inicio para caber de a dos en los mismos lanzadores M270 MLRS y M142 HIMARS que ya opera el Ejército, duplicando la carga de fuego por sortida sin requerir vehículos adicionales. El Increment 1 ya entró en producción, y el Increment 2 representa el siguiente escalón dentro de una hoja de ruta que contempla versiones sucesivas con capacidades incrementales.
Por qué importa el componente naval
U.S. Marine Corps photo by Sgt. Samuel Fletcher — Public domain
Agregar capacidad antibuque a un misil de artillería de precisión terrestre no es un detalle técnico menor. Refleja una tendencia más amplia en la doctrina militar estadounidense: la búsqueda de sistemas que puedan operar en entornos multi-dominio, combinando el fuego terrestre con efectos sobre el mar sin necesitar plataformas navales dedicadas. En el contexto del Indo-Pacífico, donde el Ejército busca proyectar poder desde islas y costas contra flotas enemigas, esta capacidad tiene un valor estratégico directo.
El formato IDIQ del contrato, que establece un techo de 1.200 millones de dólares pero no garantiza un volumen fijo de pedidos, le da al Ejército flexibilidad para ajustar el ritmo de adquisición según las prioridades presupuestarias y el avance del programa. Es un mecanismo habitual en contratos de largo aliento que combinan producción con desarrollo continuo, donde los requisitos pueden evolucionar antes de que el sistema alcance su configuración definitiva.
Lockheed Martin y el programa
Para Lockheed Martin, la adjudicación consolida su posición como proveedor principal del programa de misiles de precisión del Ejército, un rol que ya ocupa con el Increment 1 y que ahora extiende hacia la variante de mayor alcance y capacidad. La empresa viene desarrollando el PrSM desde que ganó el contrato de diseño y desarrollo en 2019, y la progresión hacia el Increment 2 muestra que el programa avanza dentro de los plazos previstos.