Por primera vez en la historia, aviones F-35A de la Real Fuerza Aérea Danesa (RDAF) operaron desde suelo groenlandés. El 16 de septiembre de 2026, dos Lightning II daneses aterrizaron en el aeropuerto de Kangerlussuaq junto a F-16 de la Fuerza Aérea estadounidense y CF-18 canadienses, en una operación encuadrada en Arctic Sentry, la iniciativa ártica de la OTAN.
El despliegue sobre el terreno
Los F-16 estadounidenses llegaron desde la base de Eielson, en Alaska, moviéndose primero hacia Goose Bay, en Terranova y Labrador, Canadá, antes de continuar hacia Groenlandia. La operación, coordinada por la Región NORAD de Alaska, se extendió entre el 13 y el 26 de septiembre. La presencia simultánea de tres fuerzas aéreas aliadas en Kangerlussuaq ilustra la magnitud del ejercicio y el nivel de coordinación que la OTAN busca proyectar en la región.
Que Dinamarca enviara sus F-35A al Ártico no es un detalle menor. La RDAF completó la transición desde sus anteriores F-16 y recibió los primeros Lightning II hace apenas unos años; llevar ese avión a Groenlandia por primera vez representa una demostración concreta de capacidad operacional en un teatro que hasta ahora conocía principalmente al viejo F-16 danés.
El acuerdo político en paralelo
Más allá del ejercicio militar, la semana trajo un movimiento diplomático de peso. Dinamarca anunció un acuerdo de seguridad para Groenlandia que incluye un rol explícito para la OTAN, con firma prevista durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. El gobierno danés sostuvo que la Alianza comparte la responsabilidad sobre la seguridad ártica bajo ese marco, una postura que amplía formalmente el paraguas colectivo sobre el territorio.
El acuerdo llega en un contexto donde Groenlandia se convirtió en uno de los puntos geopolíticos más sensibles del período. Las declaraciones del gobierno de Donald Trump sobre posibles aspiraciones estadounidenses sobre la isla mantuvieron la cuestión en primer plano durante meses, y el nuevo pacto apunta en parte a establecer un andamiaje de seguridad compartida que tenga vigencia independientemente de cuál sea el futuro estatus político del territorio, incluso si Groenlandia avanzara hacia una mayor autonomía o independencia de Dinamarca.
Por qué importa el Ártico ahora
El interés estratégico en el Ártico no es nuevo, pero se aceleró en la última década. El deshielo abre rutas marítimas que acortan distancias entre el Atlántico y el Pacífico, expone recursos naturales antes inaccesibles y transforma el valor militar de territorios que durante décadas fueron vistos como mero espacio geográfico. Rusia lleva años reforzando su presencia en su propio sector ártico, con bases reabiertas y patrullas aéreas regulares. China, por su parte, se autodefinió como "estado ártico casi polar" y observa la región con interés creciente.
En ese escenario, Groenlandia ocupa una posición única. Situada entre el Atlántico Norte y el Ártico, con la base aérea de Thule como uno de los activos militares estratégicos más importantes del continente, la isla tiene un peso geopolítico que supera con creces su población de poco más de 56.000 habitantes. Que la OTAN formalice su rol de seguridad allí, al mismo tiempo que tres fuerzas aéreas aliadas realizan operaciones conjuntas desde su suelo, no es casualidad de calendario.