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Geopolítica

Semana cargada para Trump: sanciones a Rusia, acuerdo con Groenlandia y doble frente diplomático

En apenas tres días, la administración Trump firmó una ley de sanciones históricas contra Rusia, cerró un acuerdo con Dinamarca sobre Groenlandia y abrió conversaciones de alto nivel con China e Irán.

20 de septiembre de 2026 • El Lado Correcto
Semana cargada para Trump: sanciones a Rusia, acuerdo con Groenlandia y doble frente diplomático
Crédito: Office of Speaker Mike Johnson — Public domain

Rara vez una semana concentra tantas movidas de política exterior al mismo tiempo. Entre el 18 y el 20 de septiembre, Washington promulgó la ley de sanciones más ambiciosa en años contra Rusia, formalizó un entendimiento con Dinamarca sobre el control de Groenlandia, inició tratativas con Beijing previas a una cumbre Trump-Xi y habilitó canales para retomar el diálogo con Irán.

Sanciones a Rusia

Trump promulgó el 18 de septiembre una ley de sanciones amplias contra Rusia, bautizada en memoria del senador Lindsey Graham, uno de los principales defensores del apoyo a Ucrania. La firma no es un gesto menor viniendo de un presidente que durante su campaña cuestionó la escala del respaldo de Washington a Kiev: pone en negro sobre blanco una postura legislativa mucho más dura que la retórica presidencial de los últimos meses, y le quita margen de maniobra al Kremlin en cualquier negociación futura.

El acuerdo sobre Groenlandia

Semana cargada para Trump: sanciones a Rusia, acuerdo con Groenlandia y doble frente diplomático

Buiobuione — CC BY-SA 4.0

Al día siguiente, el 19 de septiembre, la OTAN celebró públicamente el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y Dinamarca sobre Groenlandia. Trump describió el entendimiento como un mecanismo que otorgará a Washington "control de seguridad permanente" sobre el territorio ártico. El anuncio cierra meses de tensión diplomática: desde el inicio de su segundo mandato, Trump había amenazado en reiteradas ocasiones con anexar la isla, lo que generó fricciones serias con Copenhague y con varios socios europeos de la Alianza. Que la OTAN haya dado la bienvenida al acuerdo sugiere que la fórmula final encontró un equilibrio entre las demandas estratégicas de Washington y la soberanía formal danesa, aunque los detalles precisos del texto no fueron divulgados.

El interés de Trump por Groenlandia no es nuevo ni caprichoso desde el punto de vista estratégico. La isla alberga la Base Aérea Thule, un nodo crítico del sistema de alerta temprana de misiles balísticos, y su posición en el Ártico la convierte en territorio codiciado en un momento en que Rusia y China intensifican su presencia en esa región. La discusión sobre quién controla Groenlandia, en ese contexto, es en buena medida una discusión sobre quién domina las rutas marítimas árticas en las próximas décadas.

Conversaciones con China e Irán

El 20 de septiembre, el secretario del Tesoro Scott Bessent se reunió en Nueva York con He Lifeng, el principal funcionario económico chino, para preparar el terreno de una cumbre Trump-Xi prevista para más adelante en la semana. Las conversaciones de alto nivel suelen servir para acordar los puntos sobre los que ambos líderes van a cerrar o anunciar avances, y que no queden sorpresas sobre la mesa. El contexto es el de una relación bilateral que lleva meses alternando períodos de tensión arancelaria con gestos de distensión selectiva.

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The White House — Public domain

En paralelo, Qatar confirmó que actúa como mediador en un esfuerzo por reabrir el canal entre Washington y Teherán. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar indicó que emisarios están haciendo viajes de ida y vuelta entre ambas capitales para explorar la viabilidad de retomar conversaciones. Las negociaciones sobre el programa nuclear iraní llevan años en un callejón sin salida, y cualquier reapertura de canal implica primero despejar una larga lista de condiciones previas de ambas partes.

El cuadro de la semana muestra una Casa Blanca operando en varios frentes simultáneos con lógicas distintas: presión máxima sobre Moscú vía legislación que el propio Trump firmó, negociación con Copenhague sobre un territorio que antes amenazaba con tomar por la fuerza, y apertura diplomática simultánea hacia Beijing y Teherán. Si hay una línea que conecta todos estos movimientos, es la de una política exterior que combina palancas de presión y de diálogo según el interlocutor, sin una doctrina única que lo explique todo.

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