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Geopolítica

Corea del Sur y Nueva Zelanda redefinen sus apuestas de defensa en el Pacífico

Una encuesta reciente en Corea del Sur muestra un apoyo creciente al desarrollo de armas nucleares propias, mientras Nueva Zelanda enfrenta la presión de convertir su Plan de Capacidades de Defensa 2025 en resultados concretos antes de que termine 2027.

12 de septiembre de 2026 • El Lado Correcto
Corea del Sur y Nueva Zelanda redefinen sus apuestas de defensa en el Pacífico
Crédito: PO2 Tyler Crowley — Dominio público (trabajo del gobierno de EE.UU.)

El Pacífico occidental acumula tensiones que empujan a cada país de la región a recalcular su postura de seguridad. Dos de esas apuestas quedaron en foco esta semana: la tentación nuclear surcoreana y el test de credibilidad que se le viene a Nueva Zelanda.

El debate nuclear en Seúl

Una encuesta de Gallup Korea reveló que una mayoría de la población surcoreana apoya el desarrollo de capacidad nuclear propia. El dato, analizado por Francis P. Sempa en Real Clear Defense, refleja una tendencia que viene ganando terreno en Seúl a medida que la amenaza del programa nuclear norcoreano no cede y las dudas sobre la garantía de seguridad estadounidense persisten en distintos sectores de la opinión pública.

El debate no es nuevo en Corea del Sur, pero su intensidad sí ha crecido. Durante décadas, Seúl operó bajo el paraguas nuclear de Washington y firmó el Tratado de No Proliferación sin reservas. Hoy, parte del establishment de seguridad y amplias franjas de la ciudadanía se preguntan si ese paraguas sigue siendo suficiente disuasión frente a un norte que ya tiene ojivas miniaturizadas y misiles capaces de alcanzar territorio continental estadounidense. La lógica subyacente es conocida en el análisis estratégico: cuando un adversario puede golpear directamente al garante externo, la credibilidad del compromiso de defensa se vuelve discutible.

Una eventual decisión de Seúl de avanzar hacia capacidad nuclear propia representaría el cambio de arquitectura de seguridad más disruptivo en el Pacífico occidental desde el fin de la Guerra Fría. Implicaría abandonar el TNP, tensionar la alianza con Washington al límite y abrir la puerta a una cadena de reacciones en Tokio, Taipéi y más allá.

Nueva Zelanda y el reloj que corre

Más al sur, Nueva Zelanda enfrenta una presión diferente pero igualmente concreta. El análisis del Royal United Services Institute advierte que el Plan de Capacidades de Defensa 2025 del país es, por ahora, una promesa. El año 2027 será el test real: el momento en que se verá si Wellington puede traducir ese documento en inversión, equipamiento y capacidades operativas genuinas.

Nueva Zelanda lleva años con unas fuerzas armadas subfinanciadas en relación con los compromisos que asume como miembro de la alianza Five Eyes y socio del bloque AUKUS en sus capas de cooperación más amplia. El Plan 2025 buscó trazar una hoja de ruta creíble para modernizar capacidades navales, aéreas y terrestres, pero los planes de defensa tienen una historia conocida de quedar a mitad de camino cuando chocan contra los ciclos presupuestarios y las prioridades domésticas.

Lo que el análisis del RUSI subraya es que la ventana para que ese plan sea relevante es estrecha. El ritmo al que se mueve el entorno estratégico en el Indo-Pacífico no espera a que los procesos de adquisición sigan sus tiempos habituales.

El Pacífico como escenario activo

Corea del Sur y Nueva Zelanda redefinen sus apuestas de defensa en el Pacífico

U.S. Navy photo by Capt. Lee Apsley — Public domain

Ambas situaciones se desarrollan en un Pacífico occidental que sigue siendo escenario de actividad naval intensa. El portaaviones USS Abraham Lincoln (CVN-72), el crucero USS Robert Smalls (CG-62) y el destructor USS Frank E. Petersen Jr. (DDG-121) operaban esta semana en el mar del Sur de China tras completar una visita a Tailandia. En paralelo, el destructor indio INS Mysore (D60) llegó a la base naval de Lumut, en Malasia, para participar del ejercicio Samudra Laksamana 4/26 junto a unidades de la Armada Real de Malasia.

El movimiento de buques refleja una dinámica que ya es estructural: las grandes potencias y los actores regionales sostienen una presencia naval constante en aguas que concentran algunas de las disputas territoriales y las rutas comerciales más sensibles del mundo. En ese contexto, las preguntas sobre proliferación nuclear en Seúl y sobre capacidad real en Wellington no son debates académicos. Son parte del mismo cálculo estratégico que define quién puede hacer qué en esta región, y con qué respaldo.

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