El Ministerio de Defensa ucraniano confirmó que el ASC 890, el avión sueco de alerta temprana y control aerotransportado (AEW&C), ya opera sobre territorio ucraniano. Las primeras misiones se registraron en marzo de 2026, el mismo mes en que fuentes abiertas publicaron evidencias de su presencia en el teatro de operaciones. La confirmación oficial llegó esta semana, convirtiendo al ASC 890 en una pieza nueva y concreta de la arquitectura aérea que Ucrania viene construyendo desde que recibió sus primeros F-16 y Mirage 2000.
El eslabón que faltaba en el aire
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La incorporación del ASC 890 no es un detalle menor. Un avión AEW&C es esencialmente un radar aéreo que ve mucho más lejos que cualquier sistema en tierra, extiende el horizonte de detección y permite coordinar a los cazas propios en tiempo real. Para una fuerza aérea que opera F-16 y Mirage 2000, contar con ese tipo de plataforma cambia la ecuación táctica: los pilotos reciben información del campo aéreo antes de subir, pueden actuar de forma coordinada y reducen el margen de sorpresa frente a amenazas enemigas. Suecia, que se incorporó a la OTAN en 2024, ya opera el ASC 890 en su propia fuerza aérea bajo la designación S 100B Argus. Que ahora esté volando misiones sobre Ucrania representa una transferencia de capacidad de primer nivel, no una donación de material obsoleto.
Los obuses que llegaron con cuatro años de retraso
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Casi en paralelo, Ucrania recibió sus primeros obuses autopropulsados RCH 155, según confirmó German Aid to Ukraine (GAU), un rastreador independiente de asistencia militar que señaló haber verificado la entrega el 5 de septiembre de 2026 a través de una fuente ajena a los circuitos políticos e industriales. El sistema llega cuatro años después de que Alemania lo prometiera por primera vez, en septiembre de 2022.
El RCH 155 es un obús de 155 milímetros montado sobre un vehículo con ruedas, lo que le da movilidad superior a los sistemas sobre orugas y facilita su despliegue y retirada rápida. La demora en la entrega no es un caso aislado en el historial del apoyo militar occidental a Ucrania: sistemas prometidos a principios del conflicto llegaron muchas veces con retrasos de meses o años, condicionados por restricciones políticas internas, capacidad industrial limitada o debates sobre hasta dónde escalar el apoyo. Que el RCH 155 haya llegado recién ahora, con la guerra en su cuarto año, ubica este refuerzo en un momento en que el frente terrestre sigue activo y la demanda de artillería de largo alcance y alta cadencia no cedió.
Witkoff y Kushner en el Kremlin
Mientras Ucrania suma capacidades sobre el terreno, en Moscú se movían otras fichas. El sábado 5 de septiembre, los enviados especiales del gobierno de Donald Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, se reunieron con Vladimir Putin en el Kremlin. No trascendieron detalles del contenido de las conversaciones, pero la reunión confirma que Washington mantiene un canal diplomático directo con Moscú en paralelo al apoyo militar que sigue fluyendo hacia Kiev.
La presencia simultánea de Witkoff y Kushner marca una apuesta doble: el primero viene actuando como negociador en distintos frentes del conflicto desde principios de 2025, mientras que Kushner, yerno de Trump y figura con llegada directa al presidente, agrega peso político a la delegación. Que ambos viajen juntos a Moscú sugiere que la conversación tenía un rango que excedía lo puramente técnico.
Rusia no para de producir
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Del otro lado, fotos tomadas en un salón aeronáutico en Novosibirsk mostraron un Su-34 recién salido de fábrica, todavía con la imprimación gris de taller. El avión fue visto en el aeródromo de Mochishche durante el 15° encuentro anual del rubro. La imagen suma a una serie de evidencias de que Rusia sostiene la producción del cazabombardero biplaza pese a las pérdidas acumuladas en combate y a las sanciones que limitan el acceso a componentes occidentales. El Su-34 sigue siendo uno de los principales vectores de ataque aire-tierra rusos en el conflicto, y que la línea de producción en Novosibirsk continúe operativa es un indicador de que Moscú no planea reducir su ritmo de operaciones aéreas en el corto plazo.