El Tribunal de Cuentas Europeo, auditor oficial de la Unión Europea, lanzó esta semana una advertencia de fondo: Europa difícilmente estará en condiciones de enfrentar operaciones militares de alta intensidad antes de 2030. El diagnóstico no es menor, y llega en un momento en que el continente lleva años aumentando su gasto en defensa a una velocidad sin precedentes desde la Guerra Fría.
El dinero no alcanza
Corporal Rebecca Brown, RLC — OGL 3
Los auditores reconocen el esfuerzo presupuestario, pero cuestionan si es suficiente. Los presupuestos colectivos de defensa de los estados miembros pasaron de 262.000 millones de euros en 2022 a 418.000 millones en 2025, un salto de más del 60% en apenas tres años. Todos los aliados de la OTAN dentro de la UE alcanzaron o superaron el umbral del 2% del PBI en gasto de defensa en 2025, según el informe de la Agencia Europea de Defensa correspondiente al período 2025-2026.
Sin embargo, el Tribunal de Cuentas advierte que esa financiación "tal vez siga siendo insuficiente para atender las prioridades de defensa acordadas y cumplir las metas establecidas", incluyendo la movilidad militar, una de las capacidades más críticas para desplegar fuerzas rápidamente en caso de conflicto.
Parte del problema es cómo se financia ese gasto. La UE recurre cada vez más a deuda respaldada por su presupuesto común. Entre los instrumentos más recientes están los 150.000 millones de euros del programa SAFE (Acción por la Seguridad de Europa), destinado a acelerar la preparación en defensa de los estados miembros, y un préstamo de apoyo a Ucrania de 90.000 millones de euros, del cual 60.000 millones se destinan específicamente a defensa. Para los auditores, ese modelo de gasto financiado con deuda podría comprometer la sostenibilidad fiscal a largo plazo, al ralentizar la reducción de la deuda pública y presionar el presupuesto del bloque.
Gobernanza fragmentada
Corporal Rebecca Brown, RLC — OGL 3
Más allá de las cifras, el informe apunta a un problema estructural. La arquitectura institucional de la defensa europea es compleja y fragmentada, con múltiples organismos e instrumentos que se superponen en responsabilidades. El propio Tribunal de Cuentas reconoce que no tiene mandato para auditar todos esos actores, lo que deja zonas grises en la rendición de cuentas.
Este problema no es nuevo, pero se volvió más urgente desde que la invasión rusa a Ucrania en 2022 forzó una reconfiguración acelerada de las prioridades europeas. Esa guerra, subrayan los auditores, "representó un punto de inflexión" al exponer "grandes vulnerabilidades en materia de defensa en todos los países de la UE". Antes de 2022, muchos estados miembros llevaban décadas reduciendo sus capacidades militares bajo la premisa de un entorno estratégico relativamente estable. Lo que siguió fue un cambio de paradigma que el aparato institucional europeo todavía no terminó de procesar.
Mientras tanto, en el Ártico
El mismo fin de semana en que se publicaba ese diagnóstico, la OTAN llevaba a cabo en las islas Jan Mayen, territorio noruego en el Ártico, el ejercicio Operation Atlantic City. Allí desplegó un lanzador StrikeMaster de la empresa noruega Kongsberg, un sistema móvil de misiles antibuque diseñado para operar en entornos costeros e insulares de difícil acceso.
Jan Mayen es un punto estratégico en el Atlántico Norte: su posición entre Islandia, Noruega continental y Svalbard la convierte en un nodo relevante para el control del espacio marítimo ártico, una zona que concentra creciente atención militar tanto de la OTAN como de Rusia. Desplegar capacidades antibuque móviles allí refleja el interés de la Alianza en demostrar que puede defender ese flanco sin depender de infraestructura fija, algo especialmente importante en islas remotas que no cuentan con bases permanentes.
Los dos hechos, el informe del Tribunal de Cuentas y el ejercicio ártico, retratan una Europa que empuja hacia adelante pero que aún no cerró la brecha entre la ambición estratégica declarada y la capacidad operativa real. Más dinero, sí. Más ejercicios, también. Pero el propio auditor del bloque advierte que el reloj corre y que 2030 podría llegar antes de que la preparación esté a la altura.