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Geopolítica

La OTAN no puede mover sus fuerzas por mar en caso de guerra, y Rusia lo sabe

Un estudio del Council on Geostrategy advierte que la Alianza carece hoy de capacidad logística marítima para sostener un conflicto de alta intensidad contra Rusia. Al mismo tiempo, la vigilancia sobre la flota submarina nuclear rusa se intensifica en el Ártico.

3 de septiembre de 2026 • El Lado Correcto
La OTAN no puede mover sus fuerzas por mar en caso de guerra, y Rusia lo sabe
Crédito: Thomas Dahlstrøm Nielsen — CC BY-SA 4.0

La OTAN tiene un problema serio y documentado: si tuviese que trasladar sus fuerzas por mar hacia el frente en una guerra contra Rusia, hoy no podría hacerlo. Esa es la conclusión central de un estudio del Council on Geostrategy que cayó esta semana con peso suficiente como para encender alarmas en los estados mayores europeos.

El diagnóstico es concreto. La Alianza no dispone de la cantidad de buques especializados que necesitaría para ese escenario, ni de la resiliencia portuaria indispensable para operar bajo fuego. Los puertos principales serían blancos prioritarios en cualquier conflicto de alta intensidad, y hoy no existen alternativas preparadas para absorber ese golpe: faltan instalaciones secundarias y terciarias en condiciones, rutas alternativas planificadas y capacidad real para reparar infraestructura dañada en tiempo de guerra.

El convoy, el puerto y el puente destruido

La OTAN no puede mover sus fuerzas por mar en caso de guerra, y Rusia lo sabe

elegida por el editor — verificada por el editor

El estudio va más allá del diagnóstico y propone un cambio de mentalidad. Uno de sus ejes es la protección de los buques mercantes que transportarían material militar, algo que hoy se trata como un detalle logístico de retaguardia y que el informe ubica directamente en la categoría de tarea de combate. Los convoyes de transporte necesitarían escolta militar activa, no una guardia simbólica. Como precedente reciente, el informe señala que los buques Ro-Ro británicos que operaron hacia el Báltico fueron escoltados durante sus desplazamientos, y propone que esa práctica pase de excepción a norma.

También se plantea una reforma en la forma de entrenar. El problema de fondo es que los ejércitos de la OTAN practican la logística asumiendo que sus líneas de abastecimiento estarán intactas. El estudio propone introducir deliberadamente en los ejercicios y juegos de guerra situaciones de degradación real: puentes destruidos, puertos cerrados, buques hundidos. La lógica es directa: un ejército que solo entrena con su retaguardia segura se está preparando para una guerra distinta de la que tendría que librar frente a un adversario con capacidad y voluntad de atacar la retaguardia.

La flota rusa y el Ártico

La OTAN no puede mover sus fuerzas por mar en caso de guerra, y Rusia lo sabe

Department of Defense. American Forces Information Service. Defense Visual Information Center. 1994 — Public domain

Ese adversario, mientras tanto, no está quieto. El Comando Conjunto de Fuerzas Aliadas de Brunssum informó esta semana que la vigilancia sobre los submarinos nucleares de la Armada Rusa se intensifica en el Ártico, ante la expansión y modernización sostenida de esa fuerza. La península de Kola fue señalada como uno de los principales centros de actividad submarina rusa, lo cual no sorprende: desde allí opera la Flota del Norte, que concentra la mayor parte del poderío submarino estratégico de Moscú.

La conjunción de ambas noticias dibuja un panorama que la planificación militar occidental lleva años evitando nombrar con claridad. Rusia tiene capacidad demostrada para atacar infraestructura portuaria y líneas de abastecimiento marítimas. Sus submarinos pueden operar en el Atlántico Norte con un nivel de actividad que la OTAN monitorea de cerca pero que no ha logrado contener estructuralmente. Y la Alianza, según su propio análisis interno, no está en condiciones de mover sus fuerzas por mar si eso fuera necesario hoy.

Una deuda que viene de los 90

La OTAN no puede mover sus fuerzas por mar en caso de guerra, y Rusia lo sabe

Thomas Dahlstrøm Nielsen — CC BY-SA 4.0

La OTAN cuenta desde 2003 con mecanismos multinacionales para garantizar acceso a buques especializados de transporte estratégico, una arquitectura que se construyó sobre el reconocimiento de que ningún país miembro por sí solo podía sostener ese tipo de operaciones. Pero ese sistema se diseñó para un contexto geopolítico radicalmente distinto, cuando la posibilidad de un conflicto terrestre y marítimo de alta intensidad en Europa parecía irrelevante.

El retorno de esa posibilidad al centro de la planificación militar occidental es lo que hace que el estudio del Council on Geostrategy tenga hoy una urgencia que no habría tenido hace diez años. La logística, que durante décadas fue tratada como el lado aburrido de la defensa, vuelve a ser un problema estratégico de primer orden.

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