Un helicóptero Mi-8 de las Fuerzas Armadas de Ucrania apareció en imágenes recientes con una estructura de lanzamiento externa que transporta varios drones interceptores F7 Litavr distribuidos en distintos niveles a lo largo del fuselaje. La configuración permite llevar seis unidades en uno de los costados de la aeronave. Junto a los interceptores, las imágenes también muestran una ametralladora montada en la misma estructura, señal de que el armamento convencional y los sistemas no tripulados conviven en la misma plataforma.
El F7 Litavr
El F7 Litavr es un dron interceptor desarrollado por la empresa ucraniana F-Drones específicamente para enfrentar amenazas aéreas, con foco en vehículos no tripulados de ataque como los Shahed que Rusia emplea de forma masiva. Según información del Ministerio de Defensa ucraniano, puede alcanzar velocidades de hasta 350 km/h, operar a distancias de aproximadamente 40 kilómetros y llegar a altitudes de hasta 9.000 metros. Cuenta con cámaras diurnas y térmicas, sistemas de navegación que no dependen del GPS y funciones de guiado automático en la fase final de aproximación al blanco.
No es la primera vez
La integración de estos interceptores en helicópteros no es nueva. En agosto de 2026, durante el discurso del presidente Volodímir Zelenski por el Día de la Independencia de Ucrania, ya se habían visto Mi-8 equipados con este tipo de sistemas. Hasta entonces, estos helicópteros venían cumpliendo misiones de defensa aérea con ametralladoras y otros medios convencionales contra drones rusos. Lo que aportan las imágenes recientes es una mirada más detallada de la configuración y una confirmación de que el concepto sigue en desarrollo activo.
El concepto que cambia la guerra
La clave no está solo en el F7 Litavr en sí, sino en el uso del Mi-8 como plataforma móvil de despliegue. Una aeronave diseñada originalmente para transporte de personal y carga asume así una función de apoyo a la defensa aérea, con la ventaja de poder reposicionar los interceptores según la situación táctica. Frente a los ataques masivos con drones que caracterizan este conflicto, esa movilidad puede marcar diferencias concretas.
Esta adaptación también ilustra una de las transformaciones más profundas de la guerra en Ucrania. La presión constante de los drones de ataque rusos obligó a buscar soluciones que complementen los sistemas de defensa aérea tradicionales, normalmente más costosos y menos disponibles. Interceptores compactos integrados en plataformas ya existentes permiten ampliar esa cobertura sin reemplazar el equipamiento de base.
Las imágenes disponibles, sin embargo, no permiten determinar cuántos helicópteros fueron adaptados con esta configuración ni evaluar su efectividad en situaciones reales de combate. Tampoco muestran lanzamientos en vuelo que permitan verificar el rendimiento del sistema. El alcance real del programa, por ahora, queda abierto.