Navantia tiene dos fechas marcadas en el calendario para los últimos días de octubre. El domingo 25, en el astillero de San Fernando, botará la corbeta Avante 2200 NEOM, destinada a la Marina Real de Arabia Saudita. El martes 27, en Ferrol, le tocará el turno a la fragata F-112 Roger de Lauria, construida para la Armada Española. Ambas botaduras ocurren mientras la Armada Argentina mantiene abierta la evaluación de diseños para renovar su flota de superficie, y el nombre de Navantia figura entre las alternativas consideradas.
Dos programas, dos clientes
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La NEOM pertenece al segundo lote del contrato saudita con Navantia, que ya incluyó cinco corbetas Avante 2200 entregadas previamente. Estas unidades están concebidas como plataformas multimisión con capacidades de vigilancia marítima, guerra antisuperficie, antisubmarina y antiaérea, además de sistemas de guerra electrónica. El programa incorpora el sistema de combate HAZEM, desarrollado a través de SAMINavantia, junto con equipos de comunicaciones, dirección de tiro y control de plataforma.
La Roger de Lauria es la segunda de las cinco fragatas F-110 clase Bonifaz que Navantia construye para España. Son buques de mayor complejidad que las corbetas sauditas: entre sus sistemas se destaca el radar AN/SPY-7, y su diseño pone especial énfasis en la guerra antisubmarina.
La Argentina y el horizonte de las fragatas
La Armada Argentina viene evaluando distintos diseños para renovar sus unidades de superficie desde hace meses. Entre los modelos bajo análisis figuran las fragatas FREMM de origen franco-italiano y la ALFA 3000 de Navantia, una propuesta que el astillero español ya ha promovido en otros mercados, como Croacia, donde presentó una oferta acompañada de acuerdos de cooperación industrial con astilleros locales.
El proyecto de Presupuesto 2027 contempla una autorización para gestionar financiamiento de hasta 1.200 millones de dólares orientada a la incorporación de dos fragatas multimisión. Sin embargo, esa cifra no representa una compra aprobada ni implica la selección de ningún proveedor. No hay contrato firmado ni oferta formal adjudicada entre Navantia y la Argentina.
La necesidad de renovación de la flota de superficie es real y viene de lejos. La Armada dio de baja sus destructores Tipo 42 y las unidades que quedan en servicio acumulan años de antigüedad. Las próximas botaduras en San Fernando y Ferrol no alteran ese cuadro directamente, pero sí permiten observar el ritmo de producción de un astillero que figura en la ecuación argentina: con entregas concretas a clientes internacionales, Navantia demuestra que sus programas avanzan. Cualquier incorporación para la Argentina, en todo caso, dependerá de la definición de requerimientos técnicos, el cierre del financiamiento y decisiones oficiales que todavía no se tomaron.