Airis Rikveilis, secretario de Estado del Ministerio de Defensa de Letonia, advirtió que Rusia se siente "tentada" de poner a prueba la preparación militar y política de Europa. La advertencia no quedó en lo abstracto: Rikveilis también encendió las alarmas sobre la situación en la frontera letona, donde las fuerzas militares y los guardias fronterizos trabajan de forma conjunta para frenar el ingreso ilegal de personas, incluso a través de túneles.
La presión en el flanco báltico
U.S. Army CAB-1ID by Capt. Billy Lacroix — Public domain
Letonia comparte frontera terrestre con Rusia y Bielorrusia, dos países cuya relación con la OTAN está en el punto más tenso desde la Guerra Fría. Para Riga, el riesgo no es teórico: el país fue parte de la Unión Soviética hasta 1991 y tiene una minoría rusoparlante significativa, lo que históricamente fue usado por Moscú como argumento para justificar injerencia en asuntos internos de países vecinos. Desde la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022, los países bálticos vienen exigiendo dentro de la OTAN un mayor despliegue de tropas aliadas en sus territorios, con resultados concretos: la Alianza reforzó su presencia en la región y pasó de grupos de combate rotativos a brigadas de mayor entidad.
Fronteras como campo de operaciones
El señalamiento de Rikveilis sobre los túneles en la frontera agrega una dimensión nueva a un problema que ya era visible. En los últimos años, Finlandia, Polonia y los países bálticos documentaron lo que gobiernos y analistas describieron como una campaña de presión híbrida coordinada desde Bielorrusia y, de fondo, desde Rusia: el uso de flujos migratorios irregulares como instrumento de desestabilización. La táctica consiste en facilitar el ingreso de migrantes desde terceros países hacia la frontera de la Unión Europea, generando presión política y operativa sobre los estados receptores. Que Latvia ahora detecte túneles como vía de ingreso sugiere que esa presión se intensificó y que los actores involucrados buscan métodos cada vez más difíciles de interceptar.
La coordinación entre el Ejército y los guardias fronterizos que mencionó Rikveilis refleja una respuesta que varios países de la región ya adoptaron: tratar la frontera no solo como un problema de control migratorio, sino como un espacio de seguridad nacional que requiere capacidades militares. Polonia, por ejemplo, desplegó tropas en su frontera con Bielorrusia desde 2021 y construyó una barrera física. Letonia avanzó en una dirección similar.
Por qué importa la advertencia ahora
La afirmación de que Rusia está "tentada" de evaluar la respuesta europea llega en un momento de incertidumbre estratégica. El conflicto en Ucrania sigue consumiendo recursos y atención, y el debate dentro de la OTAN sobre el ritmo y el alcance del apoyo a Kiev no está cerrado. Para los países bálticos, cualquier señal de fatiga o división en la Alianza equivale a una ventana que Rusia podría intentar explotar, no necesariamente con una invasión directa, sino con acciones por debajo del umbral de respuesta colectiva: presión en fronteras, incidentes en el espacio aéreo, operaciones de información, o provocaciones que pongan a prueba la velocidad de reacción aliada sin llegar a desencadenar el Artículo 5.
Esa es, en esencia, la lectura que Rikveilis pone sobre la mesa. No es una denuncia de un ataque inminente, sino una señal de que Riga observa a Moscú buscando grietas, y que la frontera letona es uno de los lugares donde esa búsqueda ya tiene manifestaciones concretas.