El predio de instrucción Pampa Perdiz, en la Región de Tarapacá, fue escenario del ejercicio militar «Cazador», organizado por la 2.ª Brigada Acorazada «Cazadores» de la VI División de Ejército. La actividad, difundida el 24 de octubre, incluyó el despliegue de sistemas blindados y mecanizados junto con sus elementos de apoyo, y fue observada por el ministro de Defensa Nacional, Fernando Barros, y el comandante en jefe del Ejército, general Pedro Varela.
Los sistemas desplegados
El grueso del componente acorazado lo aportó el Grupo de Tanques N.º 7 «Guías» con sus carros de combate Leopard 2A4, fabricados en Alemania y equipados con un cañón de ánima lisa Rheinmetall de 120 mm. El Batallón de Infantería Blindado N.º 5 «Carampangue» sumó sus vehículos de combate Marder 1A3, armados con un cañón automático de 20 mm y diseñados para transportar y apoyar a la infantería junto a los tanques. El apoyo de fuego indirecto lo aportó el Grupo de Artillería N.º 9 «Salvo» con sus obuses autopropulsados M109 de 155 mm.
Además de las tres plataformas principales, el ejercicio integró unidades de ingenieros, telecomunicaciones y logística, poniendo el foco en la coordinación bajo una estructura de mando y control unificada.
Tarapacá como escenario de entrenamiento
El norte chileno ofrece condiciones particulares para este tipo de adiestramiento. Los amplios espacios de maniobra, el terreno desértico y las exigencias logísticas propias de la zona permiten desarrollar ejercicios orientados al movimiento de unidades mecanizadas, la coordinación del apoyo de fuego y el sostenimiento de vehículos durante operaciones terrestres.
El general de brigada Luis Ovando, comandante de la 2.ª Brigada Acorazada «Cazadores», presentó ante las autoridades los principales sistemas de la unidad y destacó la preparación del personal y las capacidades operacionales disponibles.
Desafíos de modernización
Según el análisis que acompaña la información, estas plataformas continúan proporcionando capacidades significativas, pero su permanencia operacional plantea desafíos de modernización tecnológica, sostenimiento logístico y adaptación a nuevas amenazas. El avance de los vehículos aéreos no tripulados, las municiones merodeadoras y los sistemas de vigilancia exige que las fuerzas acorazadas evolucionen hacia una estructura de combate que incorpore sensores, guerra electrónica, defensa antiaérea de corto alcance y sistemas de mando y control digitales, sin resignar la movilidad y la potencia de fuego que caracterizan a las unidades blindadas.