El sistema antidrón ARACNE ya no opera como una capa separada del dispositivo antiaéreo español. Durante el ejercicio Atlas 26, desarrollado en la base de Médano del Loro, Huelva, las Fuerzas Armadas validaron su integración plena dentro de la estructura de defensa aérea nacional, coordinando la respuesta contra aeronaves no tripuladas de las clases I y II junto a la artillería antiaérea convencional y bajo un mando único que incluyó al Ejército de Tierra, la Armada, el Ejército del Aire y del Espacio, la Guardia Civil y la Policía Nacional.
La arquitectura detrás de la integración
El nudo técnico de esa coordinación es COAAAS+, también desarrollado por Indra, que permite compartir una imagen común de la situación aérea entre todos los elementos participantes. Sobre esa imagen única, el sistema distribuye las tareas de detección, identificación, clasificación y priorización de objetivos, con el propósito de reducir el tiempo entre la localización de una amenaza y la decisión de cómo actuar contra ella. Para cada blanco, la arquitectura asigna el sensor y el medio de neutralización más adecuados según la trayectoria del dron, su naturaleza, el riesgo que representa y las reglas de enfrentamiento vigentes. Según Indra, esa lógica de asignación permite evitar duplicidades y distribuir mejor los recursos disponibles cuando el adversario recurre a ataques de saturación o despliega múltiples aeronaves no tripuladas en simultáneo.
Por encima de ese nivel, el sistema de mando y control C4ARMS conecta los sensores y efectores de ARACNE con los escalones superiores de la defensa aérea, manteniendo el intercambio de información entre todos los elementos encargados de detectar, seguir y neutralizar las amenazas.
Movilidad y los equipos del sistema
Atlas 26 presentó también la capacidad denominada On The Move, que permite a ARACNE operar en movimiento. Los radares NEMUS de Indra habilitan al sistema para acompañar a las unidades durante la maniobra y extender la cobertura antidrón a formaciones en desplazamiento, sin depender de posiciones fijas. Esa movilidad se aplica a la protección de puestos de mando, convoyes, unidades logísticas y elementos de combate, todos integrados en el mismo esquema de mando y control.
El conjunto de equipos que compone ARACNE combina aportes de Indra y de EM&E. Del lado de Indra figura el inhibidor Brontes, orientado a la neutralización electrónica de amenazas UAS. EM&E aporta el sensor electroóptico OTEOS, para identificación y seguimiento, y las estaciones de armas remotas GUARDIAN, que proveen capacidad de neutralización frente a distintos tipos de drones. La combinación de esos elementos busca mantener el seguimiento del objetivo durante todas las fases de la intervención.
Contexto y antecedentes del programa
Atlas 26 no es el primer ejercicio de este tipo. La edición anterior ya trabajó la combinación de destrucción física mediante municiones guiadas y no guiadas (hard kill) con neutralización por guerra electrónica (soft kill), e incorporó lecciones identificadas por unidades del Ejército de Tierra en el empleo de sistemas contra drones en el flanco oriental de Europa, donde el conflicto en Ucrania convirtió los ataques masivos de drones baratos en una táctica de referencia. En Atlas 26, el foco estuvo en validar tácticas, técnicas y procedimientos conjuntos frente a UAS de las clases I y II bajo mando único, es decir, los drones más pequeños y de menor altitud, que son también los más difíciles de interceptar con medios antiaéreos convencionales.
El programa ARACNE ya tenía dotación en las Fuerzas Armadas antes de este ejercicio. El 25 de septiembre pasado, el Ministerio de Defensa español adjudicó a Indra y EM&E un nuevo contrato relacionado con el programa, que incluía los mismos sistemas OTEOS y GUARDIAN 2.0 que participaron en Atlas 26. La integración validada ahora en Huelva representa el paso siguiente a esa adjudicación: no solo contar con el equipamiento, sino demostrar que funciona coordinado dentro de la estructura de defensa aérea más amplia.