El Pentágono y Lockheed Martin anunciaron el 22 de octubre de 2026 un acuerdo marco que cubre una década de producción y sostenimiento del F-35 Joint Strike Fighter. El trato contempla al menos 850 aeronaves para las fuerzas armadas estadounidenses distribuidas en 10 lotes de producción, un paquete inicial de repuestos, y 10 años de sostenimiento y kits de modificación.
Michael Duffey, jefe de adquisiciones del Departamento de Defensa, afirmó en el comunicado oficial que el acuerdo "alinea los incentivos financieros con el desempeño real" y que así se garantiza que los combatientes cuenten con las capacidades que necesitan. Jim Taiclet, CEO de Lockheed Martin, señaló por su parte que el marco le da "mayor certeza" a la compañía para realizar las inversiones iniciales necesarias para expandir capacidad, mejorar eficiencia y construir una cadena de suministro más resiliente.
Los números del acuerdo
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Lockheed se comprometió a financiar 7.000 millones de dólares en iniciativas no especificadas para el programa F-35. La cadencia de producción se mantendrá en 156 aeronaves anuales, cifra que ya venía siendo la tasa sostenida. A diferencia de otros acuerdos marco que el Pentágono firmó bajo la administración Trump para sistemas de armamento de alta demanda, este no incrementa el ritmo de fabricación.
Los comunicados oficiales de ambas partes tampoco respondieron dos preguntas centrales: cuánto costará el acuerdo al erario público y cuánto espera ahorrar el Pentágono gracias al formato plurianual, que en teoría genera economías de escala al comprometer volúmenes más grandes de antemano.
Un programa que necesita certeza legislativa
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El acuerdo es un marco, no un contrato cerrado. Para que se concrete plenamente, requiere la aprobación del Congreso estadounidense, lo que introduce una variable de incertidumbre sobre su implementación final.
El F-35 es el avión de combate de quinta generación más producido del mundo occidental. Opera en tres variantes: la A para la Fuerza Aérea, la B con despegue corto y aterrizaje vertical para los Marines, y la C con gancho de cola para portaaviones de la Marina. Decenas de países lo operan o tienen contratos de compra vigentes, lo que convierte a la salud del programa en un asunto con implicancias directas para múltiples alianzas militares, incluida la OTAN.
La lógica detrás de los acuerdos marco plurianuales es que, al garantizar una demanda sostenida en el tiempo, el fabricante puede negociar mejores precios con sus proveedores, planificar inversiones en infraestructura y evitar los vaivenes presupuestarios anuales que históricamente encarecieron el costo por unidad del F-35. El precio del avión fue durante años objeto de crítica pública, tanto en Estados Unidos como en países compradores, y bajar ese costo sigue siendo uno de los objetivos declarados del programa.