Seis sitios de energía ucranianos fueron atacados por Rusia desde que Donald Trump anunció que la infraestructura energética quedaría fuera de los blancos de la guerra. Lo denunció el presidente Volodimir Zelensky, poniendo en evidencia la distancia entre los compromisos enunciados desde Washington y lo que ocurre en el terreno.
El anuncio y los bombardeos
Trump había señalado que, como parte de sus gestiones para alcanzar una tregua, la infraestructura energética de Ucrania no sería atacada. La declaración fue presentada como un resultado concreto de sus contactos con Moscú. Sin embargo, según Zelensky, los strikes sobre esos sitios no se detuvieron: seis instalaciones fueron alcanzadas desde entonces.
La fuente no detalla qué tipo de instalaciones fueron afectadas, qué regiones, ni si hubo víctimas o daños cuantificados.
Una grieta que ya es un patrón
El episodio se suma a una tensión que viene acumulándose desde que Trump retomó la Casa Blanca y se posicionó como mediador entre Kyiv y Moscú. Sus interlocutores rusos han seguido operando militarmente mientras las negociaciones avanzan a ritmo errático, y el gobierno ucraniano ha tenido que lidiar en paralelo con la presión diplomática estadounidense y los efectos reales de los bombardeos sobre su territorio.
La infraestructura energética ha sido uno de los ejes centrales de la estrategia rusa desde el invierno de 2022: golpear centrales eléctricas, subestaciones y redes de calefacción para debilitar la capacidad civil y la moral de la población antes de cada temporada de frío. Que esos ataques continúen después de un anuncio de Trump plantea una pregunta concreta sobre el peso real de esa declaración y sobre hasta qué punto Moscú está dispuesto a comprometerse con condiciones que no firmó formalmente en ningún acuerdo.
Zelensky viene usando cada uno de estos episodios para subrayar que las palabras no alcanzan y que cualquier tregua real necesita garantías verificables, no solo anuncios públicos desde Washington.