Volodymyr Zelensky confirmó el lunes 12 de octubre que Ucrania respetó el pedido de Donald Trump y no ejecutó ataques contra infraestructura energética rusa en la noche anterior. Lo dijo en una entrevista en vivo con Fox News, donde también señaló que Rusia no aplicó ninguna reciprocidad: sus fuerzas continuaron golpeando la red de gas y electricidad ucraniana.
La jugada de Trump
Trump había anunciado un alto inmediato a los ataques ucranianos contra objetivos energéticos rusos. La declaración llegó en un contexto en el que Washington mantiene una influencia determinante sobre las capacidades operativas de Kiev, dado que el suministro de municiones, inteligencia y respaldo financiero depende en buena medida del gobierno estadounidense. Un pedido de esa naturaleza, desde Washington, no es una recomendación que Ucrania pueda ignorar sin costo.
Ucrania cumple; Rusia no
La decisión de Zelensky de acatar la restricción muestra la asimetría de la situación. Ucrania ajustó su conducta operativa en pocas horas. Rusia, en cambio, siguió con sus propios ataques a la infraestructura civil ucraniana, sin que el anuncio de Trump implicara ninguna presión equivalente sobre Moscú. Esa asimetría es el dato político más pesado de la jornada: el cese unilateral ucraniano no vino acompañado de ninguna condición impuesta al otro lado.
Los ataques rusos a la red eléctrica y de gas ucraniana vienen siendo una constante a lo largo del conflicto. Desde 2022, Moscú ha utilizado sistemáticamente la destrucción de centrales, subestaciones y gasoductos como herramienta de presión sobre la población civil, especialmente en los meses de invierno. Ucrania, por su parte, comenzó a responder con ataques propios a refinerías y puntos nodales de la red energética rusa a lo largo de 2024 y 2025, con el objetivo declarado de elevar el costo económico de la guerra para el Kremlin.
Un gesto con consecuencias abiertas
Que Zelensky haya comunicado el cumplimiento de la restricción en una entrevista televisiva, y no mediante un comunicado militar, dice algo sobre el carácter político de la movida. La audiencia directa era Washington. El mensaje implícito era que Ucrania está dispuesta a ajustar su conducta cuando Trump lo pide, pero que eso no puede ser unilateral indefinidamente si Rusia no mueve ninguna ficha.
Lo que sigue ahora depende de si el gobierno estadounidense traduce ese gesto ucraniano en algún tipo de presión sobre Moscú, o si la restricción queda como un compromiso que solo ata a una de las partes.