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La Marina estadounidense quiere sumar misiles antibuque al B-52 para reforzar el Indo-Pacífico

La Armada de Estados Unidos planea contratar a Lockheed Martin para integrar el misil antibuque AGM-158C LRASM en los bombarderos estratégicos B-52 de la Fuerza Aérea, con el objetivo de ampliar la capacidad de ataque marítimo en el Indo-Pacífico.

12 de octubre de 2026 • El Lado Correcto
La Marina estadounidense quiere sumar misiles antibuque al B-52 para reforzar el Indo-Pacífico
Crédito: Pseudopanax at English Wikipedia — Public domain

La Marina estadounidense tiene previsto contratar a Lockheed Martin para integrar el misil antibuque AGM-158C LRASM en los bombarderos estratégicos B-52 de la Fuerza Aérea. El movimiento apunta directamente al teatro del Indo-Pacífico, donde la capacidad de golpear blancos navales a larga distancia se volvió una prioridad estratégica de primer orden para Washington.

El misil y el bombardero

La Marina estadounidense quiere sumar misiles antibuque al B-52 para reforzar el Indo-Pacífico

William R. Lewis — CC0

El AGM-158C LRASM, por sus siglas en inglés Long Range Anti-Ship Missile, es un misil de crucero antibuque de largo alcance desarrollado por Lockheed Martin. Se trata de una variante específica de la familia JASSM, diseñada para atacar buques de superficie con capacidad de navegación autónoma y evasión de defensas. La Marina lo opera desde plataformas navales y aéreas, entre ellas el F/A-18E/F Super Hornet y el P-8 Poseidon. Sumar el B-52 Stratofortress a esa lista es un salto cualitativo: el bombardero puede transportar cargas mucho mayores y tiene un alcance operativo que ningún avión de patrulla marítima o caza puede igualar.

El B-52 viene siendo objeto de una serie de modernizaciones en los últimos años. La Fuerza Aérea está en pleno proceso de actualizarle motores, aviónica y sistemas de comunicación para extender su vida útil varias décadas más. Integrarle el LRASM lo convertiría en una plataforma de ataque antibuque de alcance estratégico, capaz de operar desde bases remotas y lanzar misiles a distancias que mantendrían al bombardero fuera del rango de la mayoría de las defensas enemigas.

El contexto del Indo-Pacífico

La decisión se entiende mejor mirando el mapa. El Indo-Pacífico concentra hoy el grueso de la planificación militar estadounidense, con China como principal preocupación. La marina de guerra china creció a un ritmo sostenido durante las últimas dos décadas y ya opera la flota con mayor cantidad de buques del mundo en términos numéricos. Ante ese escenario, la capacidad de negar el acceso a zonas marítimas clave, lo que en la jerga estratégica se conoce como sea denial, es uno de los pilares de la postura de defensa de Washington en la región.

El LRASM fue concebido precisamente para ese rol. Puede atacar blancos navales de alta valor en entornos de fuerte contestación, donde el enemigo dispone de sistemas de defensa aérea y electrónica avanzados. Montarlo en un B-52 multiplica la cantidad de misiles que se pueden lanzar en una sola misión y extiende la cobertura geográfica de forma considerable, dado que el bombardero puede operar desde bases en el continente estadounidense, Guam o Australia y cubrir vastas extensiones del océano.

Una integración interservicios

La Marina estadounidense quiere sumar misiles antibuque al B-52 para reforzar el Indo-Pacífico

Touch Of Light — CC BY-SA 4.0

Un dato llamativo del plan es que sea la Marina quien impulse y financie la integración en una aeronave de la Fuerza Aérea. Eso refleja la lógica de los últimos años en el Pentágono, donde las fronteras entre servicios se vuelven más permeables cuando se trata de construir capacidades conjuntas para un teatro específico. La Marina tiene el misil y la necesidad operativa de densificar el poder de fuego antibuque; la Fuerza Aérea tiene el avión con el alcance y la capacidad de carga. La combinación tiene sentido táctico aunque implique resolver complejidades administrativas y de certificación entre dos ramas distintas.

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