El primer lote podría estar compuesto por hasta 128 misiles RGM-84L-4 Harpoon Block II, aunque fuentes militares no confirmaron una cifra oficial. La entrega forma parte de una adquisición mayor que incluye 400 misiles y 100 lanzadores móviles, pensada para reforzar la capacidad de Taiwán de defender sus costas frente a una eventual operación anfibia.
Un sistema pensado para el litoral
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El RGM-84L-4 Harpoon Block II es la variante más moderna del mítico misil antibuque Harpoon, desarrollado por Boeing y en servicio en decenas de marinas desde los años setenta. La versión Block II incorpora guía GPS además del radar activo terminal, lo que amplía su uso contra objetivos costeros y mejora la precisión en entornos con interferencia electrónica. En su configuración costera, el misil se monta sobre vehículos lanzadores móviles, lo que permite dispersarlo y ocultarlo a lo largo de la costa, dificultando su neutralización en un primer golpe.
Para Taiwán, ese concepto de defensa costera distribuida es central en su doctrina de negación de área. La idea no es destruir una flota invasora en alta mar, sino elevar al máximo el costo de cualquier cruce del estrecho de Taiwán, haciendo que cada kilómetro de aproximación esté cubierto por sistemas capaces de hundir buques de desembarco y escoltas.
El contexto de la compra
La venta de los Harpoon costeros fue aprobada por el gobierno estadounidense en 2020 y figuró como una de las transferencias de armas más significativas hacia Taipéi en décadas. En ese momento, la administración Trump justificó la operación como parte del compromiso de Washington con la seguridad de Taiwán bajo la Ley de Relaciones con Taiwán, el marco legal que regula los vínculos entre ambos desde la ruptura diplomática de 1979.
Desde entonces, el programa avanzó con demoras propias de cualquier adquisición de esta escala. Que la primera entrega llegue antes de que cierre 2026 marca un hito concreto: Taiwán deja de tener el sistema en el papel y empieza a tenerlo en el terreno. La diferencia entre un contrato firmado y una capacidad operativa desplegada es, en términos militares, enorme.
Por qué importa ahora
El momento no es menor. La tensión en el estrecho de Taiwán se mantiene elevada, con ejercicios militares chinos que simulan bloqueos e incursiones aéreas que se volvieron rutina en la zona de identificación de defensa aérea taiwanesa. En ese escenario, la incorporación de 400 misiles antibuque con lanzadores móviles distribuidos a lo largo de la costa no es solo una señal política hacia Pekín: es una capacidad real que cualquier planificador militar chino tiene que incluir en sus cálculos.
Para Estados Unidos, además, la entrega efectiva del sistema consolida la credibilidad de sus compromisos de venta de armas en la región. En un momento en que varios aliados del Indo-Pacífico observan con atención la consistencia de Washington, que los Harpoon lleguen en tiempo y forma tiene valor más allá de Taiwán.