Dos señales de alerta militar distintas, en extremos opuestos del planeta, marcaron esta semana la temperatura del orden internacional.
Keen Sword en el archipiélago suroeste
El Ministerio de Defensa de Japón confirmó que el ejercicio conjunto Keen Sword se desarrollará del 19 al 29 de octubre en la región suroeste del archipiélago japonés, la misma franja de islas que —por geografía y por política— concentra buena parte de la tensión latente con China en el Pacífico occidental. Las Fuerzas de Autodefensa de Japón (JSDF) y las fuerzas estadounidenses practicarán defensa integrada aérea y antimisiles, guerra de superficie, desembarcos anfibios, operaciones aerotransportadas, despliegue en islas y fuego real.
Keen Sword no es una novedad. El ejercicio se realiza de forma regular desde 1985, pero el foco en la defensa de islas adquirió nueva relevancia con el correr de los años, a medida que la presión militar china sobre las Islas Senkaku y el estrecho de Taiwán fue escalando. Para Japón, el archipiélago suroeste —que incluye las Islas Ryukyu y llega hasta las Yaeyama, a menos de 200 kilómetros de Taiwán— es una prioridad estratégica que Tokio ha reforzado con despliegues de misiles tierra-mar y unidades de respuesta rápida desde 2016.
El ejercicio de este año entra además en un contexto de revisión profunda de la doctrina de defensa japonesa. Desde que Japón aprobó en 2022 su nueva estrategia de seguridad nacional, que habilitó capacidades de contraataque y multiplicó el presupuesto de defensa, los entrenamientos conjuntos con Estados Unidos ganaron en complejidad y ambición. Las maniobras de octubre buscan, según el comunicado del Ministerio de Defensa, «mantener y fortalecer la postura y las capacidades necesarias» de ambas fuerzas.
La advertencia nuclear de Moscú
En Europa, la escalada adoptó otra forma. Un programa de televisión británico que simulaba un ataque ruso contra el continente generó una reacción diplomática inusual: Moscú emitió una advertencia de carácter nuclear como respuesta al ejercicio de simulación. El episodio volvió a instalar la pregunta sobre si Europa está, de hecho, preparándose para un conflicto de mayor escala con Rusia.
El incidente ilustra una dinámica que se viene acelerando desde la invasión rusa a Ucrania en 2022. Los países de la OTAN han multiplicado sus ejercicios, elevado sus presupuestos de defensa y revisado sus planes de contingencia ante un posible conflicto convencional en el flanco este europeo. Rusia, por su parte, respondió históricamente a cada movimiento de la alianza con advertencias sobre el umbral nuclear, una herramienta de presión que Moscú utiliza de manera sistemática para disuadir a Occidente de comprometerse más directamente con Ucrania o con la defensa del flanco oriental.
Que un programa televisivo de simulación bélica alcance para provocar una advertencia formal desde Moscú habla tanto de la sensibilidad del clima actual como de la estrategia deliberada de Rusia de mantener alta la percepción de riesgo nuclear en el debate europeo.
Dos teatros, una misma lógica
Aunque separadas por miles de kilómetros, las dos situaciones responden a una misma tendencia. Las grandes potencias revisionistas —China y Rusia— presionan los márgenes del orden existente, y sus rivales occidentales y aliados responden con ejercicios, despliegues y señales de preparación. El Pacífico occidental y el flanco este europeo son hoy los dos ejes sobre los que descansa buena parte de la actividad militar global, y octubre de 2026 los muestra funcionando en paralelo.