Rusia lanzó 39 misiles balísticos y más de 120 drones y municiones de merodeo contra la red eléctrica e infraestructura crítica de Ucrania durante la madrugada del 14 de octubre. El ataque dejó sin luz a al menos 600.000 personas y mató a tres en Kyiv, según informó el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy. El timing no es menor: el golpe llegó apenas días después de que Donald Trump anunciara públicamente una detención de los ataques rusos a instalaciones de energía.
La primera ola, sin alerta previa
El portavoz de la Fuerza Aérea ucraniana, coronel Yurii Ihnat, aclaró en televisión nacional que los socios de Ucrania advirtieron con anticipación sobre tres de las cuatro oleadas de misiles balísticos rusos lanzados esa noche. Sin embargo, no hubo ninguna alerta antes de que la primera ola impactara Kyiv. Ihnat dijo querer dejar en claro ese punto porque muchas personas se lo habían preguntado.
El factor Starlink
Además de la falta de alerta temprana en la primera oleada, la capacidad defensiva ucraniana también estuvo limitada esa noche por una reducción del servicio de Starlink, el sistema satelital de la empresa de Elon Musk del que dependen las unidades de primera línea ucranianas. Según las fuentes disponibles, ambas situaciones, la ausencia de aviso previo y la restricción de Starlink, se produjeron en una misma noche y configuraron un escenario de mayor vulnerabilidad para Ucrania. Era la segunda vez consecutiva que el país quedaba sin alerta temprana de sus socios ante lanzamientos de misiles balísticos rusos.
Министерство обороны Российской Федерации — CC BY 4.0
El contexto del anuncio de Trump
El ataque obliga a poner sobre la mesa el alcance real del anuncio de Trump. La Casa Blanca había comunicado días antes una pausa en los ataques rusos a infraestructura energética ucraniana, un gesto que Washington presentó como un avance diplomático en el marco de sus esfuerzos por acercar a las partes hacia algún tipo de cese del fuego o negociación. El bombardeo masivo de la madrugada del 14 de octubre contradice de manera directa ese anuncio, al menos en los hechos sobre el terreno.
Desde el inicio de la guerra, los ataques rusos a la red eléctrica ucraniana han sido una constante. El objetivo estratégico es claro: degradar la capacidad de la población y la industria de resistir durante el invierno, cuando la demanda energética es más alta y los apagones tienen consecuencias humanitarias directas. Ucrania ha dependido históricamente de sus aliados occidentales para recibir alertas tempranas sobre lanzamientos de misiles, que le permiten activar defensas antiaéreas con algo de margen. Que esa cadena de alerta falle en la primera oleada, y que además Starlink esté reducido en la misma noche, plantea preguntas serias sobre el estado actual del apoyo operativo occidental a Kyiv en un momento en que la postura de Washington bajo Trump es, cuanto menos, ambigua.