Seis cazas F-16 Fighting Falcon de la Fuerza Aérea Argentina completaron el cruce del océano Atlántico y aterrizaron en la Base Aérea de Natal, en el extremo norte de Brasil. Es la segunda tanda de aviones en transitar este vuelo ferry desde Dinamarca, la última parada antes de encarar la etapa final hacia la Argentina.
Ruta y destino
El vuelo ferry que traslada los F-16 desde Europa hasta Sudamérica usa Natal como escala estratégica por una razón geográfica simple: es el punto del continente más cercano a África y, por lo tanto, el más adecuado para recibir aeronaves que acaban de cruzar el Atlántico. Desde ahí, los aviones completarán el tramo final hacia el Área Material Río Cuarto, en la provincia de Córdoba, donde la Fuerza Aérea tiene previsto alojarlos durante la etapa de mantenimiento, adaptación y puesta a punto operativa.
La compra a Dinamarca
Ministerio de Defensa — CC BY 4.0
Argentina cerró la adquisición de F-16 con Dinamarca tras años de búsqueda de un caza moderno para reemplazar capacidades que la fuerza había perdido con el retiro de los A-4 Fightinghawk. Dinamarca fue el proveedor después de que otras opciones, incluyendo el F-16 de segunda mano de otros países y alternativas no estadounidenses, quedaran descartadas por diversas razones, entre ellas restricciones de exportación y compatibilidad operativa. El acuerdo con Copenhague permitió a la Argentina incorporar aviones con experiencia operativa real en la OTAN y con un largo horizonte de soporte logístico, dado que el F-16 sigue siendo uno de los cazas más operados del mundo.
El Fighting Falcon que recibe la Fuerza Aérea es una plataforma de cuarta generación con décadas de historial en combate y ejercicios multinacionales. Su incorporación representa el salto tecnológico más significativo para la aviación de caza argentina en mucho tiempo, tanto en capacidades de radar y armamento como en aviónica y sistemas de autopiloto.
Ministerio de Defensa — CC BY 4.0
La segunda tanda en Brasil
Que se trate de la "segunda tanda" indica que el traslado se organizó en grupos, algo habitual en vuelos ferry de larga distancia con aviones militares: se dividen los lotes para reducir riesgos operativos, coordinar mejor el soporte en cada escala y facilitar la logística en tierra. La primera tanda ya había completado el recorrido previamente; esta segunda cierra el grueso del contingente con los seis aviones que ahora esperan en Natal el tramo final.