El Yasen-M ruso y el P-8 Poseidon: el duelo bajo el agua que define el dominio naval
El submarino nuclear Yasen-M es hoy la plataforma rusa que más preocupa a la Marina estadounidense. El P-8 Poseidon es la respuesta en el aire.
El submarino nuclear Yasen-M es hoy la plataforma rusa que más preocupa a la Marina estadounidense. El P-8 Poseidon es la respuesta en el aire.
Las dos marinas más poderosas del mundo libran un duelo silencioso que no aparece en titulares de batalla pero que define quién controla los océanos. Por un lado, Rusia acelera la producción del submarino nuclear de ataque Yasen-M. Por el otro, la Marina estadounidense despliega el avión de patrulla marítima P-8 Poseidon de Boeing como su principal cazador de submarinos. Dos plataformas diseñadas, en esencia, para destruirse mutuamente.
LeAZ-1977 — CC BY-SA 4.0
El programa Yasen tiene una historia marcada por el colapso soviético. La Unión Soviética y Estados Unidos arrancaron en la década de 1980 con planes ambiciosos para una nueva generación de submarinos de ataque. Washington planeó 29 unidades de la clase Seawolf, construyó solo tres y pivotó hacia la clase Virginia, más barata. Moscú, por su parte, vio cómo el programa Yasen encallaba cuando la economía rusa se desplomó tras la disolución de la URSS.
El buque líder de la clase, el Severodvinsk, diseñado por la oficina Malakhit, debía incorporarse en 1998. No fue así. Durante años, los recursos se volcaron a los submarinos balísticos de la clase Borei, que tenían mayor prioridad estratégica para el arsenal nuclear ruso. El Severodvinsk recién entró en servicio en 2014, con dieciséis años de retraso. Sin embargo, el programa está ganando velocidad: la variante mejorada Yasen-M, con electrónica modernizada y mayor capacidad de sigilo y ataque, ya está en producción activa.
Lo que hace al Yasen-M particularmente relevante es que representa un salto generacional respecto a los diseños soviéticos de la Guerra Fría. Es una plataforma pensada para operar en aguas profundas, desafiar el dominio naval estadounidense en el Atlántico Norte y el Ártico, y atacar tanto blancos navales como terrestres con misiles de crucero. Para la Marina estadounidense, es el adversario submarino más serio que enfrenta en este momento.
Balon Greyjoy — CC0
La respuesta está en el aire. El P-8 Poseidon de Boeing, derivado del fuselaje del 737, es el avión de patrulla marítima y guerra antisubmarina de la Marina estadounidense. Opera con un radar AN/APY-10 que trabaja en modos de apertura sintética e inversa: puede generar imágenes de calidad casi videográfica a través de lluvia, nubes y niebla, y detectar el periscopio de un submarino o su estela desde 9.000 metros de altitud, de noche.
El Poseidon puede lanzar torpedos, boyas de sonar, minas y misiles. Un ex operador de guerra antisubmarina de la Marina estadounidense describió al P-8 como el avión que hace "sudar a los almirantes rusos", una expresión que refleja el peso que la comunidad naval le asigna a esta plataforma. Su capacidad para barrer grandes extensiones oceánicas en pocas horas, combinada con su arsenal antisubmarino, lo convierte en el principal obstáculo para cualquier submarino que intente operar de forma encubierta en zonas de interés para la OTAN.
Balon Greyjoy — CC0
Este duelo no es nuevo, pero sí está ganando renovada vigencia. El Ártico, el Atlántico Norte y el Mediterráneo son los escenarios donde la tensión entre submarinos rusos y cazadores occidentales se vuelve más concreta. Rusia viene expandiendo sus patrullas submarinas desde mediados de la década pasada, y el ritmo de producción del Yasen-M sugiere que esa tendencia no va a revertirse.
Para Estados Unidos, el P-8 es la herramienta principal para mantener visibilidad sobre esos movimientos. La combinación de radar, sonoboyas y torpedos le da versatilidad tanto en el monitoreo como en el ataque. Pero la ventaja tecnológica no es estática: cada mejora en el sigilo del Yasen-M obliga a actualizar los sensores del Poseidon, y viceversa. Es la dinámica clásica de la carrera entre el submarino y el cazador, actualizada con tecnología del siglo XXI.