El astillero estatal Tandanor completó la primera intervención integral de su historia sobre el Syncrolift, la plataforma de varada que es el corazón operativo del complejo desde hace casi cinco décadas. El resultado inmediato es una mejora drástica: la disponibilidad del sistema pasó del 10% al 95%, y el calado máximo de los buques admitidos se amplió de 4,10 a 5,80 metros. Cuando la obra concluya por completo, los técnicos proyectan alcanzar el 99,5% de disponibilidad y los 6,20 metros de calado.
Qué es el Syncrolift
Ossewa — CC BY-SA 4.0
El Syncrolift es un sistema de elevación sincronizada que permite sacar buques del agua para tareas de mantenimiento, reparación y construcción en seco. A diferencia de un dique seco convencional, opera con una plataforma sumergible que asciende de forma nivelada mediante múltiples puntos de izaje sincronizados, lo que reduce el riesgo de daños estructurales al casco. Es una tecnología adoptada en astilleros de todo el mundo precisamente por su versatilidad: permite trabajar con buques de distintas dimensiones sin requerir obras civiles de gran envergadura cada vez que cambian los requerimientos.
El Syncrolift de Tandanor fue instalado en 1979 y, hasta esta intervención, nunca había recibido un mantenimiento integral desde su puesta en marcha. Que durante casi 47 años haya funcionado sin una revisión de fondo habla tanto de la durabilidad del sistema como del deterioro acumulado que terminó llevando su disponibilidad al mínimo: un 10% no es un astillero operativo, es un equipamiento prácticamente fuera de servicio.
Por qué importa para la industria naval
Martín Otero — CC BY 2.5
Tandanor es el principal astillero estatal de Argentina y uno de los complejos navales más relevantes del Cono Sur. Tiene capacidad para recibir buques de la Armada Argentina, embarcaciones civiles y contratos de terceros países, y su rol estratégico excede el mantenimiento de la flota propia: es parte de la cadena productiva que define hasta dónde puede llegar la industria naval nacional.
Con el Syncrolift funcionando al 10%, el astillero no podía recibir la mayoría de los buques que en condiciones normales debería poder atender. Eso tiene consecuencias en cascada: trabajos que se derivan al exterior, capacidad ociosa en el resto de las instalaciones, pérdida de ingresos y, en el caso de los buques militares, dependencia de infraestructura extranjera para tareas que deberían resolverse en el país.
Ampliar el calado admitido de 4,10 a 5,80 metros, y proyectar llevarlo hasta 6,20, no es un detalle menor. El calado es uno de los parámetros que define qué buques puede recibir un astillero. A mayor calado, mayor tamaño y desplazamiento de las embarcaciones que entran al sistema. Eso significa que Tandanor podrá trabajar con buques más grandes que antes, tanto de la Armada como del sector comercial.
Una deuda histórica saldada
La magnitud de la mejora, pasar de 10% a 95% de disponibilidad con la obra todavía en curso, refleja cuánto se había postergado esta intervención. En la industria naval, el mantenimiento de la infraestructura de varada no es opcional ni diferible indefinidamente: un Syncrolift degradado limita toda la capacidad productiva del astillero, independientemente del estado del resto de las instalaciones.
Que esta sea la primera vez en la historia del complejo que el sistema recibe una intervención integral desde 1979 convierte al proyecto en algo más que una reparación de rutina. Es, en términos prácticos, la puesta al día de una deuda de mantenimiento acumulada durante décadas, con impacto directo en la capacidad operativa de uno de los activos industriales más importantes que tiene el Estado argentino en el sector de defensa.