Dos novedades distintas se registraron en el Ejército Argentino en los primeros días de septiembre, ambas vinculadas a la renovación y modernización de capacidades operativas. Una cierra un ciclo de adquisición que arrancó hace casi tres años; la otra pone a prueba tecnología desarrollada en el país para conducir fuegos en tiempo real.
El último Bell llega a Ezeiza
El 9 de septiembre aterrizó en el Aeropuerto de Ezeiza el tercer y último Bell 407GXi adquirido por el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas para el Ejército Argentino. A diferencia de los dos ejemplares anteriores, este llegó desarmado en avión de carga. Con esta entrega queda completo el lote de tres helicópteros asignados a la fuerza, matriculados AE-340 a AE-342.
Los tres aparatos están destinados a las Secciones de Aviación de Ejército de Montaña 6 y 8, con base en Neuquén y Mendoza respectivamente. Reemplazan a los veteranos Aérospatiale SA-315B Lama en misiones de rescate, transporte, apoyo y propósitos generales en la Cordillera de los Andes, un teatro de operaciones que impone exigencias severas de altitud y temperatura a cualquier plataforma de ala rotatoria.
El Bell 407GXi fue seleccionado frente a otros dos competidores directos: el Airbus H125 y el Leonardo AW119Kx Koala. Entre los factores determinantes pesaron el mayor volumen de cabina del 407 respecto al H125 y un menor costo de adquisición frente al Koala. La compra total fue de seis unidades: tres para el Ejército y tres para la Fuerza Aérea Argentina, que recibió el primero de su lote el 25 de octubre de 2023. El Bell 407GXi es la versión más actualizada de la familia 407, con aviónica digital Garmin G1000H NXi y motor Rolls-Royce M250-C47E/4, características que lo hacen especialmente apto para operar en alta montaña con cargas útiles variables.
Artillería conectada en la Patagonia
En el Campo de Instrucción "General Adalid", el Grupo de Artillería Blindado 11 ejecutó ejercicios de tiro con sus cañones autopropulsados VCA Palmaria de 155 mm y piezas remolcadas CITER del mismo calibre. El ejercicio no fue un tiro convencional: su eje fue la integración de sistemas, con participación de la Dirección General de Investigación y Desarrollo, la Dirección General de Comunicaciones, Informática y Ciberdefensa, la Escuela de Artillería, el Batallón de Comunicaciones 602 y el Destacamento de Inteligencia de Combate 601, que aportó UAV y drones para adquisición de blancos y monitoreo remoto.
La columna vertebral tecnológica del ejercicio fue la articulación entre tres sistemas nacionales. El Sistema Integrado de Comando y Control del Ejército Argentino (SITEA) conectó en tiempo real el puesto de mando de la Brigada Mecanizada con el Estado Mayor General del Ejército. El Sistema Automatizado de Tiro de Artillería de Campaña (SATAC) agilizó el cálculo de datos balísticos y redujo los tiempos entre la orden de fuego y su ejecución. El Sistema de Puntería Autónoma (SIPAAC) cerró el ciclo permitiendo ejecutar el tiro con precisión en cualquier condición de luz o meteorología.
Los tres sistemas son de desarrollo y producción nacional, lo que le da al Ejército capacidad de actualización y mantenimiento sin depender de proveedores externos para la cadena crítica de conducción de fuegos. La combinación permitió transmitir datos y video en tiempo real a dos niveles de mando simultáneamente, algo que en conflictos recientes —con artillería como protagonista central, como en Ucrania— demostró ser determinante para la supervivencia y la eficacia de las unidades.
El VCA Palmaria es un obús autopropulsado de 155 mm montado sobre el casco del tanque C1 Ariete, con alcances que superan los 24 km con munición estándar. Su uso en la Patagonia, con la amplitud de terreno y las condiciones climáticas de la región, representa un escenario de instrucción que combina exigencia táctica con las restricciones logísticas propias del sur argentino. El ejercicio buscó consolidar la conducción integrada de fuegos como capacidad orgánica, no como demostración aislada.