El gobierno argentino anunció el lunes una serie de medidas que combinan presencia militar reforzada en el extremo austral con una ofensiva diplomática renovada en torno a la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas. El paquete incluye más recursos para Defensa en Tierra del Fuego, la aceleración de una base naval integrada en esa provincia y nuevas medidas contra empresas vinculadas a la explotación petrolera en aguas cercanas a las islas.
Tierra del Fuego como eje estratégico
W. Bulach — CC BY-SA 4.0
La decisión de acelerar la base naval integrada en Tierra del Fuego no es un gesto simbólico menor. El extremo austral siempre fue el flanco más delgado de la presencia militar argentina en la región, y cualquier refuerzo concreto allí cambia la ecuación operativa en el Atlántico Sur. La base proyectada combinaría capacidades navales con infraestructura logística en una zona donde Argentina históricamente tuvo presencia escasa en comparación con la envergadura del reclamo territorial que sostiene.
La medida también llega en un contexto regional que no pasa desapercibido. Justo esta semana, la Armada de Chile informó nuevas actividades de su Comando de Fuerzas Especiales en Magallanes, con Buzos Tácticos y Comandos de Infantería de Marina desplegados en operaciones que incluyeron reconocimiento de playas, ejercicios con submarinos, fast rope, demoliciones e interdicción marítima. Son ejercicios de rutina para Chile, pero el timing subraya que el Cono Sur austral está activo militarmente en varios frentes al mismo tiempo.
La presión sobre el petróleo
Una de las aristas más concretas del anuncio argentino son las medidas contra empresas vinculadas a la explotación petrolera en torno a las islas. Esta línea de acción no es nueva en la política exterior argentina, pero su reactivación ahora forma parte de una estrategia que busca vincular de manera directa el reclamo de soberanía con herramientas de presión económica. El petróleo en el entorno de Malvinas es desde hace años uno de los puntos de mayor tensión con el Reino Unido: Londres permite y promueve su explotación, Buenos Aires la considera ilegal y la combate con instrumentos legales y diplomáticos.
Un respaldo desde Tel aviv
El anuncio argentino llegó acompañado de un movimiento diplomático llamativo desde Israel. Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional y líder del partido Hogar Judío, publicó en redes sociales un llamado directo al primer ministro Netanyahu para que Israel tome posición en la disputa territorial entre Argentina y el Reino Unido. En su publicación, Ben-Gvir acusó al Reino Unido de explotar ilegalmente recursos petroleros en el archipiélago.
El respaldo de un miembro del gabinete israelí al reclamo argentino es políticamente significativo, aunque Ben-Gvir representa el ala más dura del gobierno de Netanyahu y sus posicionamientos públicos no siempre reflejan la postura oficial del Estado. Aun así, el hecho de que un ministro en ejercicio se pronuncie explícitamente en favor de Argentina en un foro público es un dato que la diplomacia argentina difícilmente dejará pasar sin capitalizarlo.
El giro de Milei en Malvinas
Este despliegue se produce en el marco de un cambio de postura del presidente Javier Milei respecto de Malvinas, cuya trayectoria previa era más escéptica frente al reclamo. El giro generó debate interno en Argentina, con voces que lo cuestionaron y otras que lo respaldaron. La causa malvinense tiene un peso emocional y político que trasciende alineamientos ideológicos, y la apuesta del gobierno parece ser sostenerla por la vía diplomática y de presión económica, descartando explícitamente cualquier opción militar.
La combinación de refuerzo austral, presión sobre el petróleo y activación de aliados diplomáticos configura una estrategia más articulada que la vista en los últimos años. Si logra traducirse en resultados concretos en foros internacionales es otra pregunta.