Casi 12.000 millones de euros. Esa es la cifra que el Ministerio de Defensa alemán incluyó en su planificación interna para el desarrollo y adquisición de misiles de largo alcance en los próximos años. No es todavía un presupuesto aprobado por el Bundestag, pero la escala del número refleja la ambición de una estrategia que Berlín construyó en torno a tres horizontes temporales bien definidos.
La solución inmediata
U.S. Navy
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Para cubrir la necesidad más urgente, Alemania apuesta por capacidades ya disponibles de origen estadounidense. El plan incluye el misil de crucero Tomahawk y el sistema de lanzamiento terrestre Typhon, que las fuerzas del Ejército de los Estados Unidos ya desplegaron en ejercicios en Europa. Ambos sistemas permiten a Berlín incorporar una capacidad de ataque de precisión a larga distancia sin esperar el desarrollo de alternativas nacionales o europeas, que todavía llevan años de maduración.
El segundo horizonte apunta a sistemas de menor costo que puedan producirse en grandes cantidades. Es una respuesta directa a una de las lecciones más claras del conflicto en Ucrania: que la escala de producción importa tanto como la sofisticación técnica. En esa línea, el Ministerio alemán también mantiene contactos con la industria ucraniana en distintos programas de producción de armamento.
La apuesta a largo plazo
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Para la década de 2030, Alemania trabaja junto al Reino Unido en una nueva generación de misiles de crucero furtivos y armas hipersónicas. Es el horizonte más ambicioso y también el más lejano, y depende de una cooperación bilateral que ambos países vienen consolidando desde hace años en distintas plataformas de defensa.
Toda esta estrategia se encuadra dentro del European Long-Range Strike Approach, conocido como ELSA. La iniciativa reúne a Alemania, Francia, Italia, Polonia, Suecia y el Reino Unido con el objetivo de coordinar el desarrollo europeo de capacidades de ataque de precisión profunda y acelerar la cooperación industrial en ese campo. ELSA se convirtió en una de las prioridades de la defensa europea precisamente porque estas capacidades se recortaron de forma sistemática tras el fin de la Guerra Fría, cuando los países del continente redujeron presupuestos y desmantelaron programas que ya no parecían necesarios. El regreso de la amenaza de conflicto convencional en Europa obligó a replantear esa lógica.
Rheinmetall y el radar pasivo
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En otro frente del rearme alemán, Rheinmetall demostró durante el ejercicio Timber Express la integración del radar pasivo Twinvis, desarrollado por Hensoldt, en su sistema de defensa aérea Skynex. La integración funciona a través del software de gestión Skymaster, que ahora puede incorporar datos de una fuente pasiva al cuadro aéreo operativo.
La diferencia entre un radar activo y uno pasivo es relevante en el contexto operativo actual. Un radar activo emite señales para detectar blancos, lo que también lo expone a contramedidas electrónicas y a misiles antiirradiación. Un sensor pasivo, en cambio, no emite nada: recibe y procesa emisiones del entorno. Combinarlos permite distribuir las funciones de vigilancia y reducir la dependencia de un único tipo de sensor, algo que las fuerzas armadas europeas priorizan cada vez más para operar en entornos electromagnéticamente disputados.
Rheinmetall indicó que los resultados del ejercicio sientan las bases para estudiar la integración del Twinvis en versiones estacionarias de Skynex, en la variante móvil Skyranger, y en el sistema antidron Skyspotter. La arquitectura del sistema también está concebida para misiones C-RAM, es decir, la detección y neutralización de cohetes, artillería y morteros.
Fuentes: Infodefensa