La Armada estadounidense enfrenta esta semana un conjunto de decisiones técnicas y presupuestarias que definen el perfil de su flota para las próximas décadas. Ninguna es sencilla y las tres están vinculadas por una misma pregunta de fondo: qué tipo de plataformas sostiene a la fuerza naval más poderosa del planeta cuando el hardware llega a sus límites.
El Enterprise, un problema sin precedentes
Mass Communication Specialist 3rd Class Scott Pittman — Public domain
El USS Enterprise (CVN-65) necesita ser desguazado y nadie ha hecho eso antes con un portaaviones como él. Su construcción comenzó en 1958 y, a diferencia de todos los portaaviones que vinieron después, lleva ocho reactores nucleares a bordo. Los de clase Nimitz, que lo sucedieron, funcionan con dos. Los de clase Ford también usan dos, aunque de diseño mucho más moderno y mayor potencia. El problema es que nadie ha desmantelado jamás un portaaviones con ocho reactores nucleares, lo que convierte al Enterprise en un caso sin manual de procedimiento. El proceso exigirá soluciones técnicas que se están desarrollando sobre la marcha, con los costos e incertidumbres que eso implica.
Ford bajo la lupa
Official Navy Page from United States of America
MCSN Ryan J. Mayes/U.S. Navy — Public domain
Mientras tanto, la clase Ford, concebida como el sucesor tecnológico del Nimitz, atraviesa su propio cuestionamiento. Especialistas en diseño naval consultados por 19FortyFive advirtieron sobre las implicancias negativas de un posible retorno a sistemas de catapulta de vapor en los próximos portaaviones, en lugar del sistema de lanzamiento electromagnético EMALS que caracteriza a los Ford. Ese retroceso, si se concretara, afectaría directamente la capacidad de operar cazas de sexta generación como el F/A-XX, el programa que busca reemplazar al F/A-18 Super Hornet en la cubierta de vuelo. Los aviones de sexta generación exigen condiciones de lanzamiento y recuperación que el vapor no puede garantizar con la misma eficiencia que el EMALS. El rediseño eventual de los portaaviones para alojar este tipo de aeronaves plantea tensiones entre lo que la tecnología naval actual permite y lo que la aviación embarcada del futuro va a necesitar.
El Sea Hawk mira al 2050
MC3 Timothy Schumaker — Public domain
En paralelo, la Armada avanza con un programa de modernización para su flota de helicópteros MH-60 Sea Hawk, con el objetivo de mantenerlos operativos hasta 2050. El paso concreto fue la selección de los equipos industriales que diseñarán un nuevo sistema de aviónica de arquitectura abierta para la aeronave. El MH-60 comparte la célula con el Black Hawk del Ejército, aunque las variantes navales incorporan sistemas específicos para operar desde buques. Mantener esta plataforma activa por más de dos décadas adicionales mediante una actualización de aviónica, en lugar de reemplazarla, responde a una lógica de costos que la Armada aplica cada vez más a sistemas que demuestran versatilidad y madurez operativa.
Por qué importa ahora
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Los tres temas convergen en un momento en que la Armada estadounidense enfrenta presiones presupuestarias significativas y necesita priorizar. Desguazar al Enterprise consume recursos y capacidad técnica especializada. Rediseñar o ajustar la clase Ford tiene consecuencias directas sobre la viabilidad del F/A-XX como avión embarcado. Y extender la vida del MH-60 hasta mediados de siglo implica que ese helicóptero va a volar junto a plataformas que hoy ni siquiera están en servicio. Son decisiones que se toman ahora pero cuyas consecuencias se van a sentir durante décadas, y cada una de ellas condiciona a las otras.
Fuentes: 19FortyFive, Defence Blog