La reunión entre Rafael Belaúnde Llosa, ministro de Defensa del Perú, y Bernie Navarro, embajador de los Estados Unidos en Lima, dejó sobre la mesa cuatro temas que definen el estado actual de la relación bilateral en materia de defensa y desarrollo estratégico. Los F-16 Block 70, la preparación ante el fenómeno de El Niño, la modernización del puerto del Callao y la construcción de un nuevo centro espacial son los puntos que concentran tanto la cooperación como las tensiones entre ambos gobiernos.
Los F-16 que todavía no llegan
U.S. Department of Defense Current Photos — Public domain
El proceso de adquisición de los F-16 Block 70 para la Fuerza Aérea del Perú es, desde hace años, uno de los capítulos más complejos de la relación bilateral. Se trata de la variante más moderna del F-16 producida por Lockheed Martin, con aviónica de última generación y capacidades de guerra electrónica superiores a las versiones anteriores. La venta requiere aprobación del gobierno estadounidense y ha atravesado demoras asociadas tanto a cuestiones políticas internas peruanas como a los procedimientos de transferencia de tecnología sensible que Washington exige en estos procesos. Que el tema haya vuelto a aparecer en una reunión de este nivel sugiere que hay movimiento, aunque las fuentes disponibles no permiten precisar en qué etapa concreta se encuentra la negociación.
El Niño y el Callao
La preparación ante el fenómeno de El Niño también formó parte de la agenda. Perú es uno de los países más afectados históricamente por este fenómeno climático, que genera lluvias extremas, inundaciones y deslizamientos en amplias zonas del territorio. La cooperación con Estados Unidos en este terreno puede abarcar desde inteligencia satelital y cartografía de riesgo hasta asistencia humanitaria y logística militar aplicada a emergencias civiles, aunque los detalles específicos de lo que se discutió no están disponibles en las fuentes.
El puerto del Callao, por su parte, es un punto de interés estratégico que va más allá de lo comercial. Como principal terminal marítimo del país y sede de la Base Naval del Callao, cualquier proceso de modernización tiene implicancias tanto para el comercio exterior peruano como para la proyección naval de las fuerzas armadas. La participación estadounidense en ese proceso, si se concreta, supondría un anclaje logístico y de influencia en el Pacífico sur que Washington tiene razones propias para buscar, en un contexto regional donde la presencia china en puertos latinoamericanos es un tema de creciente preocupación para el Departamento de Estado y el Pentágono.
El eje espacial
El desarrollo de un nuevo centro espacial peruano es quizás el eje menos visible pero potencialmente más significativo de los cuatro. América Latina tiene escasos activos espaciales propios y la dependencia de infraestructura extranjera para comunicaciones satelitales, observación terrestre y posicionamiento es una vulnerabilidad reconocida por varios países de la región. Que Estados Unidos esté involucrado en conversaciones sobre este punto con Perú indica un interés en moldear desde temprano las capacidades y los estándares tecnológicos de ese futuro centro, lo que tiene derivaciones tanto civiles como militares.
El encuentro entre Belaúnde Llosa y Navarro no es un hecho aislado sino parte de una dinámica de relacionamiento bilateral que combina dependencia tecnológica, intereses geopolíticos compartidos y fricciones puntuales. Para Perú, el acceso a plataformas como el F-16 Block 70 y el respaldo para proyectos de infraestructura estratégica depende en buena medida de mantener ese vínculo activo. Para Washington, Lima es una ficha relevante en el tablero del Pacífico sur, especialmente en un momento en que la competencia con China por influencia en la región se expresa, entre otras cosas, en quién construye los puertos y quién vende los aviones.
Fuentes: Zona Militar