El secretario de Defensa estadounidense Pete Hegseth eligió el 30 de septiembre para su discurso anual sobre el estado de la fuerza, y lo usó de manera contundente. Ante el alto mando del Pentágono, anunció la creación de un nuevo comando de cuatro estrellas con la misión de liderar el despliegue de sistemas autónomos en todas las ramas de las fuerzas armadas. El anuncio coronó una semana en la que el Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina concretaron sus propios pasos en la misma dirección, con contratos y selecciones que mueven miles de millones de dólares.
Un comando para unificar el caos
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Hasta ahora, cada fuerza venía desarrollando su propia doctrina y su propia cartera de drones y sistemas no tripulados, con escasa coordinación entre ellas. La creación de un comando conjunto de cuatro estrellas apunta a resolver esa fragmentación, poniendo bajo una sola cadena de mando la integración de plataformas autónomas en el conjunto del aparato militar estadounidense. Es, en términos institucionales, uno de los movimientos más ambiciosos de la transformación que Hegseth viene impulsando desde que asumió.
Cuatro mil millones contra drones enemigos
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El mismo día del discurso, el Ejército formalizó contratos por más de 4.000 millones de dólares en capacidades antidrones, con margen para escalar hasta 7.000 millones. La licitación pone a prueba el nuevo modelo de compras del Pentágono, que busca agilizar la adquisición de tecnología compitiendo a varios proveedores en paralelo en lugar de adjudicar contratos exclusivos de largo plazo. Los detalles de qué empresas resultaron seleccionadas no fueron divulgados públicamente.
La Marina pide treinta barcos sin tripulación
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La Marina, por su parte, anunció la compra de 30 buques robóticos con un costo promedio estimado de 40 millones de dólares por unidad. El anuncio llegó menos de una semana después de que la fuerza estableciera un Centro de Desarrollo de Guerra de Sistemas Robóticos y Autónomos, pensado para definir cómo combatirá la Marina con plataformas no tripuladas en los próximos años. La adquisición de estos buques será uno de los primeros grandes tests de ese nuevo centro.
Siete candidatos para reemplazar al MQ-9 Reaper
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La Fuerza Aérea y la Unidad de Innovación en Defensa seleccionaron a siete empresas para avanzar en el programa que busca producir un dron de bajo costo y semi-autónomo como sucesor del MQ-9A Reaper, el dron de reconocimiento y ataque que ha sido el caballo de batalla de la aviación no tripulada estadounidense durante las últimas dos décadas. El programa, conocido como MMA, está en una etapa temprana de competencia y todavía no tiene un ganador definido.
El proyecto Kiev para robots de combate
El contexto no es solo interno de Washington. Mykhailo Fedorov, ex ministro de Defensa de Ucrania, anunció lo que describió como un "Proyecto Manhattan" para robots de combate. En declaraciones a Defense News, Fedorov dijo querer robots de tipo humanoide en el campo de batalla dentro de seis meses y asaltos sin infantería humana dentro de un año. El anuncio ucraniano ilustra la presión de la guerra real sobre el ritmo de adopción de sistemas autónomos: mientras el Pentágono reorganiza estructuras y firma contratos, Kiev ya tiene plazos sobre la mesa.
La acumulación de anuncios en 48 horas no es casualidad. Refleja una urgencia que se viene incubando desde que el conflicto en Ucrania demostró, a escala industrial, el papel que los drones baratos y los sistemas no tripulados pueden cumplir tanto en el ataque como en la defensa. El nuevo comando de cuatro estrellas, los contratos antidrones del Ejército, los buques robóticos de la Marina y la carrera por el sucesor del Reaper son, cada uno por su cuenta, movimientos significativos. Juntos, en la misma semana, son una señal de que el Pentágono apuesta a que la guerra del futuro inmediato se va a pelear, en buena medida, sin tripulación.