La Marina estadounidense dio el paso más concreto hasta ahora en el programa MQ-25A Stingray: adjudicó a Boeing un contrato de 562 millones de dólares para fabricar las tres primeras aeronaves de producción inicial a baja cadencia, lo que en la jerga de adquisiciones del Pentágono se conoce como LRIP (Low-Rate Initial Production). El contrato incluye además la adquisición anticipada de componentes para otras tres unidades adicionales, lo que lleva el alcance inmediato a seis aeronaves en total.
Qué es el MQ-25A Stingray
El MQ-25A Stingray es un sistema aéreo no tripulado diseñado específicamente para operar desde portaaviones y cumplir misiones de reabastecimiento en vuelo. No es un dron de combate ni de vigilancia: su función principal es actuar como cisterna aérea para los aviones de ala fija del grupo de combate, extendiendo su alcance sin necesidad de que los portaaviones se acerquen a zonas de riesgo. Se trata del primer dron con esa capacidad pensado desde el origen para operar embarcado, lo que lo convierte en una categoría sin antecedentes directos en la historia de la aviación naval.
La necesidad que el Stingray viene a cubrir no es nueva. Durante décadas, la Marina estadounidense dependió del F/A-18 Hornet en su variante «tanker» para el reabastecimiento entre aeronaves del grupo, una solución que consumía cazas con valor de combate en una tarea logística. El programa MQ-25 apunta a liberar a esos aviones de esa función y, al mismo tiempo, aumentar el radio de acción efectivo de toda la formación sin modificar la arquitectura del portaaviones.
Del desarrollo a la producción
El contrato firmado con Boeing marca el cierre formal de la etapa de ingeniería y desarrollo del programa. Hasta ahora, el Stingray existía como un sistema en fase experimental, con prototipos probados pero sin luz verde para la línea de fabricación en serie. La adjudicación LRIP cambia ese estatus: la aeronave pasa a ser un programa en producción, aunque todavía a volumen reducido mientras se ajustan los procesos de manufactura antes de escalar.
Este tipo de contrato de baja cadencia inicial es el procedimiento estándar del Departamento de Defensa estadounidense para sistemas que completaron el desarrollo pero aún no alcanzaron la madurez suficiente para la producción a plena escala. La idea es fabricar un número acotado de unidades con las que se termina de afinar la cadena de producción, se capacita a los operadores y se realizan las pruebas de integración con las unidades navales que los van a emplear. Solo después de esa etapa se habilita la orden de producción a plena tasa.
Qué cambia para los grupos de combate
U.S. Air Force photo by Staff Sgt. Gerald Willis — Public domain
La incorporación del MQ-25A a los grupos de combate de portaaviones tiene implicaciones operativas concretas. Un dron cisterna embarcado amplía el radio de acción de los F/A-18 Super Hornet y del F-35C sin comprometer aeronaves de combate en la misión de reabastecimiento. En términos prácticos, eso significa que los portaaviones pueden proyectar poder aéreo a distancias mayores desde una posición más alejada de amenazas costeras, lo que gana relevancia en escenarios de competencia con potencias con capacidades antiaceso como China.
El Stingray también está pensado para integrarse con el sistema de control de tráfico aéreo embarcado y operar de forma semi-autónoma desde la cubierta de vuelo, un desafío técnico no menor dado que las operaciones en portaaviones son de los entornos más exigentes para cualquier sistema no tripulado.