El Cuerpo de Marines de los Estados Unidos dejó atrás su última unidad de tanques M1 Abrams y cerró un capítulo de más de un siglo de doctrina anfibio-blindada. El arquitecto del cambio fue el general David Berger, quien durante su gestión como Comandante del Cuerpo tradujo un diagnóstico brutal en una reforma estructural sin precedentes en la historia reciente de la institución.
La lógica de Berger
El razonamiento de Berger fue directo: comprar sistemas baratos y numerosos en lugar de unos pocos sofisticados, y dejar de prepararse para las guerras terrestres de desgaste que marcaron las dos décadas del conflicto en Medio Oriente. En su visión, un Cuerpo que no puede sobrevivir los primeros días de una guerra de misiles y drones tiene un valor limitado, sin importar cuántos blindados tenga en su inventario.
Los tanques, en esa ecuación, salían perdiendo en dos frentes. Consumían personal de manera intensiva y absorbían presupuesto de adquisiciones que Berger quería redirigir hacia sistemas asequibles y descartables. La apuesta no era la plataforma cara y perfecta, sino la masa de sistemas que el adversario no puede eliminar de un solo golpe.
Unidades dispersas con misiles antibuque
Sgt. Alexander Neely — Public domain
El nuevo modelo reemplaza a los Marines convencionales por unidades pequeñas y dispersas, equipadas con misiles antibuque, drones y cohetes de largo alcance. La misión central ya no es asaltar playas con apoyo blindado: es ocupar posiciones en las costas e islas del Indo-Pacífico, detectar blancos navales y negarle al adversario el control del espacio marítimo y aéreo inmediato.
Esa concepción, conocida dentro de la doctrina estadounidense como Stand-in Force, ubica a los Marines como sensores y tiradores avanzados en zonas ya contestadas por el enemigo, en lugar de como fuerza de choque que llega cuando el área ya está despejada. La diferencia es fundamental: las unidades tienen que sobrevivir y operar bajo fuego desde el primer momento, no después de que alguien más asegure la zona.
El Ejército toma la posta blindada
U.S. Navy photo by Photographer’s Mate 1st Class Ted Banks. — Public domain
El retiro del M1 Abrams del inventario de los Marines no significa que el poder terrestre pesado desaparece de la ecuación conjunta. Berger fue explícito en que esa función le corresponde al Ejército, que conserva sus brigadas de combate blindadas y está mejor dimensionado para sostener una campaña terrestre de larga duración. La división de roles es deliberada: los Marines se especializan en el entorno litoral del Indo-Pacífico, el Ejército mantiene el músculo blindado para otros escenarios.
Esa repartición interna refleja una tendencia más amplia en la planificación militar estadounidense. Desde mediados de la década del 2010, el Pentágono viene reorientando recursos y doctrina desde el modelo contrainsurgente del Medio Oriente hacia la competencia con potencias de primer orden, en particular China en el Pacífico y Rusia en Europa. El Indo-Pacífico, con su geografía de islas dispersas, canales estrechos y grandes distancias marítimas, favorece exactamente el tipo de fuerza que Berger diseñó.
Por qué ahora
El proceso de transformación arrancó formalmente con la publicación de la doctrina Force Design 2030, lanzada por Berger en 2020, y fue avanzando en etapas hasta la disolución definitiva de los últimos batallones de tanques. Que el "reinicio" se dé por concluido en 2026 marca el punto en que la reorganización dejó de ser un plan en papel y se convirtió en la estructura real de la fuerza.
No fue un proceso sin resistencia. Dentro del propio Cuerpo hubo críticas sostenidas de oficiales que advertían sobre los riesgos de abandonar capacidades probadas antes de que las nuevas estén completamente maduras. La discusión sobre si los Marines perdieron flexibilidad estratégica al deshacerse de sus blindados sigue abierta, especialmente en un contexto geopolítico donde los escenarios de conflicto rara vez respetan los límites que los planificadores imaginaron.