Estados Unidos planea reubicar la mayor parte de sus drones MQ-9 Reaper actualmente desplegados en África hacia Sudamérica, con el objetivo de apoyar operaciones antidrogas en la región. El traslado forma parte de un giro estratégico más amplio de Washington, que viene profundizando su cooperación militar con países sudamericanos en el marco del combate al narcotráfico internacional.
Un activo de alto valor en movimiento
U.S. Air Force photo/Staff Sgt. Brian Ferguson — Public domain
El MQ-9 Reaper es el dron de reconocimiento y ataque más empleado por las fuerzas estadounidenses en operaciones de vigilancia prolongada. Con una autonomía de vuelo que supera las 24 horas y capacidad para operar a más de 15.000 metros de altitud, el sistema fue diseñado originalmente para misiones contraterroristas en teatros como Afganistán, Irak y el Sahel africano. Su traslado a Sudamérica representaría un cambio de misión significativo: de la vigilancia de grupos armados a la detección de rutas de narcotráfico, cargamentos y estructuras logísticas del crimen organizado.
En África, los Reaper han operado principalmente desde bases en Níger, Chad y Yibuti, dando cobertura a las misiones del Mando Africano de EE.UU. (AFRICOM) contra grupos yihadistas. La salida de tropas estadounidenses de Níger en 2024, tras el golpe de Estado que alejó a ese país de Washington, ya había reducido las opciones de basing del Comando en el continente. El repliegue de los drones desde esa región tiene, entonces, una lógica operativa además de política.
Límites legales del despliegue
El analista Andrei Serbin Pont analizó el alcance operativo del traslado y subrayó que la cooperación tiene límites legales concretos. En la mayoría de los países sudamericanos, las fuerzas militares extranjeras no pueden actuar de forma autónoma en territorio nacional: cualquier operación requiere coordinación con las fuerzas locales y marcos jurídicos específicos que varíen según el país anfitrión. Eso implica que el rol de los Reaper en la región sería principalmente de vigilancia e inteligencia, con la información compartida con las fuerzas nacionales que ejecutan los operativos en tierra o en el aire.
Esa restricción no es menor. La diferencia entre un dron que observa y uno que actúa define en buena parte el debate político interno en varios países de la región, donde la presencia militar estadounidense genera tensiones históricas.
El contexto más amplio
El movimiento se produce mientras AFRICOM reorganiza sus prioridades. El Comando creó recientemente una Oficina de Economía de Defensa con el objetivo de maximizar el retorno estratégico de sus inversiones en seguridad en el continente africano, lo que sugiere un reordenamiento de recursos que incluye la redistribución de activos como los Reaper.
En paralelo, la presión del narcotráfico sobre América del Sur no da señales de ceder. Las rutas de cocaína hacia Europa y América del Norte se han diversificado y complejizado en los últimos años, con organizaciones que operan desde Venezuela, Colombia, Ecuador y el Cono Sur con una sofisticación logística creciente. Para Washington, el argumento de desplegar capacidades de inteligencia aérea avanzada en la región tiene una lógica directa: más cobertura sobre más territorio, sin necesidad de aumentar el personal en tierra.
Lo que todavía no está claro es desde qué bases operarían los Reaper una vez reubicados, ni qué países de la región habrían dado su acuerdo formal para recibirlos. Esos detalles, por ahora, no son públicos.