Un An-12 y dos An-26 destruidos, más tres helicópteros. Ese fue el saldo que Volodimir Zelenski anunció tras el ataque nocturno ejecutado por el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) contra el aeródromo militar de Rostov del Don en la madrugada del 17 de septiembre. El golpe apuntó directamente a la capacidad logística y de transporte de las Fuerzas Aeroespaciales rusas en una región que funciona como nodo crítico para el abastecimiento hacia el frente sur.
El ataque en detalle
El SBU llevó a cabo el strike como parte de una operación nocturna más amplia que también alcanzó la refinería Slavneft-YANOS. Que la misma noche hayan golpeado simultáneamente infraestructura militar y energética sugiere una operación coordinada con objetivos múltiples, aunque los detalles tácticos de cómo se ejecutaron los ataques no surgieron de los anuncios oficiales ucranianos.
Los tres modelos afectados son aeronaves de transporte soviéticas de fuselaje ancho y mediano con décadas de servicio. El An-12 es un cuadrimotor turbohélice de carga pesada equivalente al Hercules C-130, con capacidad para transportar decenas de toneladas de material. Los An-26 son bimotores más livianos, muy utilizados por las fuerzas rusas para movimiento de tropas, carga ligera y misiones de apoyo logístico en distancias medias. Perder seis aeronaves en una sola noche, aunque sean plataformas de transporte y no de combate, representa un golpe concreto a la logística del teatro sur.
Rostov del Don como objetivo
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Rostov del Don no es un blanco menor. La ciudad, a unos 80 kilómetros de la frontera con Ucrania, opera desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022 como uno de los centros neurálgicos del esfuerzo bélico ruso en el sur. Su aeródromo militar procesó durante años el tráfico de aeronaves de transporte hacia la península de Crimea y hacia las zonas ocupadas del Donbás y Zaporiyia. Que Ucrania pueda golpear allí con efectividad suficiente como para destruir seis aeronaves en tierra habla de un alcance operativo que Moscú no logró neutralizar pese a los años de guerra.
La estrategia ucraniana de atacar bases aéreas y depósitos de combustible en territorio ruso profundo viene consolidándose desde 2023. El razonamiento es directo: si no podés igualar a Rusia en el aire, golpeás su infraestructura en tierra antes de que los aviones despeguen. Los ataques a Engels, Saki y otros aeródromos en años anteriores siguieron esa lógica, con resultados variables pero sostenidos en el tiempo.
Refinería incluida en la operación
El golpe simultáneo a la refinería Slavneft-YANOS añade una dimensión económica a la operación. Esa planta, ubicada en Yaroslavl, es una de las instalaciones de procesamiento de petróleo más grandes de Rusia. Dañarla no tiene un efecto inmediato en el frente, pero apunta a la cadena de suministro de combustible y a generar presión sobre la economía de guerra rusa, una línea de acción que Kyiv viene desarrollando en paralelo a las operaciones militares convencionales.
La combinación de un ataque a infraestructura militar en Rostov y otro a infraestructura energética en Yaroslavl, ejecutados la misma noche, refleja una capacidad de coordinación que Ucrania viene demostrando con mayor frecuencia en la medida en que sus drones de largo alcance ganan experiencia operativa.