El Pentágono confirmó el despliegue de armas en órbita, y la reacción de China no tardó. Pekín advirtió que este tipo de movimientos puede desencadenar una guerra en el espacio, en una escalada retórica que refleja la creciente tensión entre las dos potencias por el control del dominio orbital.
La advertencia de Pekín
La reacción china llega en un contexto de preocupación creciente por las operaciones militares en el espacio. Durante años, tanto Estados Unidos como China y Rusia desarrollaron capacidades antisatelitales, pero el anuncio de Washington de contar con armamento efectivamente desplegado en órbita representa un salto cualitativo en la militarización del espacio. El espacio exterior, que los tratados internacionales de la Guerra Fría intentaron mantener libre de armas, se convirtió en los últimos años en un dominio de competencia estratégica directa. Para Pekín, que viene expandiendo su propia constelación de satélites militares y sus capacidades de negación espacial, la confirmación estadounidense funciona como argumento para justificar su propio programa.
La red que lleva retraso
Al mismo tiempo, la agencia espacial de defensa de Estados Unidos enfrenta problemas para sostener el ritmo que ella misma se impuso. El director de la Space Development Agency (SDA), Gurpartap Sandhoo, reconoció sin rodeos que la agencia no cumplió el plazo que había fijado para completar su red orbital de malla. "Estamos atrasados en eso. Ya deberíamos estar ahí", dijo Sandhoo.
La SDA trabaja en una constelación de satélites de rastreo y transporte de datos conocida como Tranche 1. El objetivo es completar la campaña de lanzamientos de esa fase hacia fines de la primavera boreal de 2027, lo que implica realizar seis tandas más de satélites. Para lo que resta de 2026, la agencia apunta a completar dos lanzamientos adicionales.
Qué es el Tranche 1
El programa de la SDA apunta a construir una arquitectura satelital distribuida en órbita baja que permita conectividad segura y rastreo de amenazas en tiempo real para las fuerzas militares estadounidenses. La lógica detrás es reducir la dependencia de satélites grandes y costosos, más vulnerables a ataques, y reemplazarlos por constelaciones de cientos de satélites más pequeños y difíciles de neutralizar. Es, en buena medida, una respuesta directa a las capacidades antisatelitales que China y Rusia demostraron tener en los últimos años.
El retraso de la SDA no es un dato menor en ese contexto. Si la red no está completa, las fuerzas conjuntas estadounidenses operan con capacidades de comunicación y vigilancia más limitadas que las planificadas, precisamente en un momento en que la tensión con Pekín por el dominio espacial está en alza. La combinación de un anuncio sobre armas orbitales y una red de apoyo que lleva demora pinta un cuadro de competencia acelerada en la que ninguno de los dos lados terminó de consolidar sus posiciones.
El intercambio de esta semana entre Washington y Pekín sobre el espacio no es un episodio aislado. Es la versión más reciente de una disputa que viene creciendo desde hace años y que, con cada anuncio, va achicando el margen para cualquier entendimiento diplomático sobre el uso militar del espacio exterior.