El Departamento de Defensa de Australia confirmó esta semana que las fragatas HMAS Perth (FFH157) y HMAS Stuart (FFH153) acompañaron al Grupo de Ataque del Portaaviones USS Abraham Lincoln (CVN-72) durante su paso por el Mar del Sur de China, en lo que Canberra describió como una operación de apoyo realizada en conformidad con el derecho internacional. Las fuentes no especificaron la fecha exacta del ejercicio.
"Las Fuerzas de Defensa de Australia y las de Estados Unidos entrenan y operan juntas de forma rutinaria, aumentando la interoperabilidad entre nuestras fuerzas y fortaleciendo nuestras capacidades colectivas", indica el comunicado oficial australiano. La frase es breve, pero el escenario elegido no lo es.
Un escenario que no es neutral
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El Mar del Sur de China es uno de los espacios marítimos más disputados del planeta. China reclama soberanía sobre la mayor parte de sus aguas, una posición que ni Estados Unidos ni Australia reconocen. Que Canberra haya optado por publicitar esta operación conjunta, y no simplemente dejarla pasar sin comunicado, refleja una decisión política deliberada de visibilizar su alineamiento con Washington en una zona caliente.
Australia viene intensificando su presencia naval en el Indo-Pacífico como parte del marco AUKUS, el pacto de seguridad que firmó en 2021 junto a Estados Unidos y el Reino Unido. Ese acuerdo incluye, entre otras cosas, la adquisición de submarinos de propulsión nuclear y una integración más profunda de capacidades militares entre los tres países. Operar con un grupo de ataque de portaaviones en el Mar del Sur de China es, en ese marco, una expresión práctica de ese compromiso.
Los Marines también complican el cálculo chino
U.S. Marine Corps photo by Lance Cpl. Claudia M. Palacios — Public domain
En paralelo, un informe reciente detalla que la reorganización táctica del Cuerpo de Marines de Estados Unidos genera inquietud entre oficiales navales chinos. La doctrina en cuestión, conocida como Stand-In Forces, apunta a desplegar pequeñas unidades expedicionarias altamente móviles en islas y posiciones avanzadas dentro del primer arco insular del Pacífico, es decir, en zonas que quedan dentro del radio de acción de los sistemas de defensa chinos.
El concepto rompe con el modelo tradicional de proyección de fuerza desde plataformas grandes y distantes. En lugar de eso, los Marines buscan operar desde posiciones dispersas y difíciles de neutralizar, complicando el cálculo de cualquier adversario que quiera dominar una zona costera o insular. Que ese replanteo genere preocupación en las filas navales chinas, según detalla el informe, sugiere que la reorganización está logrando al menos parte de su efecto disuasorio antes incluso de desplegarse en un conflicto real.
Dos señales en simultáneo
La coincidencia de ambas noticias en la misma jornada no responde a una coordinación anunciada, pero sí dibuja un cuadro coherente. Por un lado, una demostración de presencia naval aliada en aguas que China considera propias. Por el otro, la confirmación de que una nueva arquitectura militar terrestre y anfibiana incomoda a los planificadores de Pekín.
Para Argentina, y para cualquier país que observe el Indo-Pacífico desde el sur, el patrón importa. El despliegue conjunto australiano-estadounidense en el Mar del Sur de China ilustra cómo Canberra está convirtiendo sus compromisos de alianza en presencia física concreta, en una de las regiones con mayor potencial de fricción militar del mundo.