El general de brigada aérea Milton Zablah, director de Planificación y Doctrina de la Fuerza Aérea de Chile (FACh), fue preciso en los tiempos: la institución planea comenzar a desvincular sus F-5E/F Tigre III "levemente después del año 2030" y el proceso no debería extenderse más allá de 2035. "No deberíamos pasar del 2035, ese es el límite máximo", señaló Zablah en una entrevista publicada el 14 de septiembre por el diario La Segunda.
El anuncio llega en un momento simbólicamente cargado. El 15 de septiembre se cumplen 50 años desde la llegada de los primeros F-5E/F a Chile, con el arribo original el 26 de julio de 1976. Medio siglo después, la FACh encara la decisión de qué pone en su lugar.
Las opciones sobre la mesa
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Zablah no cerró ninguna puerta. Consultado específicamente sobre el F-35, respondió que "es el siguiente paso lógico de un avión de generación 4,5 como el F-16" y que para cualquier fuerza aérea "sería maravilloso tenerlo porque es una aeronave súper poderosa". Sin embargo, aclaró con énfasis que actualmente no existen conversaciones oficiales con ningún proveedor en ese sentido.
La otra alternativa mencionada es ampliar la flota de cazas F-16 que ya opera la FACh. El general señaló que incorporar más unidades "está dentro de esas alternativas" y que los F-16 en servicio deben "mantener los niveles de actualización en los cuales estamos invirtiendo ahora". En ese sentido, destacó que la flota completa de F-16 chilena está siendo modernizada a una versión equivalente a un caza de generación 4,5, un proceso que la FACh lleva adelante en paralelo a esta evaluación de largo plazo.
El peso del contexto económico
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Zablah subrayó que el escenario económico actual obliga a la institución a actuar con cautela. No es un detalle menor: cualquier decisión de reemplazo implicará uno de los gastos de defensa más grandes en la historia reciente de Chile, sea cual sea el avión elegido.
El F-35, si llegara a ser la opción elegida, sería una apuesta de envergadura. El programa de Lockheed Martin viene con una historia de sobrecostos y demoras conocida en toda la región. Canadá, por ejemplo, vio cómo el costo proyectado de su compra pasó de 19.000 millones de dólares canadienses en 2022 a 27.700 millones en 2024, sin contar al menos otros 5.500 millones adicionales para infraestructura, armamento y todo lo necesario para alcanzar capacidad operativa plena. En septiembre de 2025, la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos reportó que el bloque de actualización conocido como Block 4 acumulaba más de 6.000 millones de dólares de sobrecosto y llevaba al menos cinco años de retraso sobre el cronograma original. Para una fuerza aérea con restricciones presupuestarias, esos antecedentes no son menores.
Una decisión que se viene gestando
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El retiro de los F-5 no es una sorpresa: los Tigre III chilenos son aviones de tercera generación con décadas de uso encima. La FACh los ha mantenido operativos más tiempo que muchas otras fuerzas de la región gracias a sucesivos programas de actualización, pero el límite físico de la célula tiene un techo. La decisión de cuándo y con qué reemplazarlos venía siendo postergada; ahora tiene al menos una fecha máxima.
El proceso que describe Zablah es el estándar en cualquier fuerza aérea moderna: evaluar si conviene redistribuir misiones entre plataformas existentes, ampliar la flota actual o dar el salto a una plataforma nueva, ponderando eficacia, sostenibilidad y viabilidad económica. Para Chile, ese análisis todavía está abierto. Lo que ya está cerrado es el reloj del F-5.