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La Fuerza Aérea australiana alcanza capacidad operativa inicial con misiles LRASM y JASSM-ER

La Royal Australian Air Force declaró la Capacidad Operativa Inicial para dos misiles de largo alcance lanzados desde el aire: el AGM-158C LRASM, diseñado para atacar buques, y el AGM-158B JASSM-ER, de ataque a tierra. El anuncio se produjo días después de que un submarino australiano "hundiera" en un ejercicio a un portaaviones nuclear de la Armada estadounidense.

14 de septiembre de 2026 • El Lado Correcto
La Fuerza Aérea australiana alcanza capacidad operativa inicial con misiles LRASM y JASSM-ER
Crédito: ThatAustralianBall — CC BY 4.0

La Royal Australian Air Force (RAAF) declaró la Capacidad Operativa Inicial (IOC, por sus siglas en inglés) para dos misiles de largo alcance lanzados desde el aire: el AGM-158C Long Range Anti-Ship Missile (LRASM) y el AGM-158B Joint Air-to-Surface Standoff Missile Extended Range (JASSM-ER). La declaración convierte a Australia en uno de los pocos operadores fuera de Estados Unidos con estos sistemas activos y listos para empleo real.

Los misiles y sus plataformas

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Boevaya mashina — CC BY-SA 3.0

Imágenes oficiales publicadas por la RAAF muestran pruebas de fuego real realizadas en 2025 y 2026. En esas pruebas, F/A-18F Super Hornets de la fuerza aérea australiana lanzaron AGM-158B JASSM-ER, mientras que un P-8A Poseidon empleó un AGM-158C LRASM contra un buque blanco. Que tanto un caza como un avión de patrulla marítima estén certificados para portar estos sistemas amplía considerablemente las opciones tácticas disponibles para Australia.

El LRASM es un misil antibuque de largo alcance diseñado para operar en entornos de alta densidad de amenazas, con capacidad de navegación autónoma y baja firma radar. El JASSM-ER es su contraparte de ataque a tierra, con un alcance extendido respecto a la versión base del JASSM, pensado para golpear objetivos en tierra desde distancias que mantienen a la plataforma lanzadora fuera del arco de los sistemas de defensa aérea enemigos. Ambos misiles los fabrica Lockheed Martin.

El submarino que "hundió" al portaaviones

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Contenido publicado en redes sociales

El contexto en el que se produce este anuncio no es menor. Días antes de la declaración de IOC, un submarino australiano protagonizó un resultado que llamó la atención en círculos navales: en un ejercicio conjunto con la Armada estadounidense, logró evadir una pantalla de buques de guerra y alcanzar posición de ataque simulado contra el portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln (CVN-72), un Nimitz valuado en unos 5.500 millones de dólares. En el mismo ejercicio, el submarino australiano también "hundió" dos submarinos de ataque nucleares estadounidenses.

La razón técnica detrás de ese resultado tiene que ver con una diferencia fundamental entre tipos de propulsión. Un submarino nuclear no puede apagar su reactor mientras opera bajo el agua: las bombas de refrigerante, la planta de vapor y los engranajes de reducción siguen funcionando siempre, generando una firma acústica constante que los sensores pueden detectar. Un submarino convencional diésel-eléctrico, en cambio, puede apagar sus motores completamente y navegar solo con baterías. A velocidad reducida, el nivel de ruido que genera se acerca a cero. Esa diferencia es la que le permitió al submarino australiano operar sin ser detectado en un ambiente dominado por sensores estadounidenses.

Contexto estratégico

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Contenido publicado en redes sociales

Australia viene reorientando su postura de defensa desde hace varios años, impulsada en parte por el deterioro del ambiente estratégico en el Indo-Pacífico. El acuerdo AUKUS, firmado en 2021 entre Australia, el Reino Unido y Estados Unidos, tiene como uno de sus ejes principales dotar a Australia de submarinos de propulsión nuclear, precisamente para resolver la limitación de alcance que tienen los actuales diésel-eléctricos en ese teatro de operaciones. Mientras ese programa avanza en su fase de largo plazo, Australia eligió invertir en capacidades convencionales que ya estén disponibles hoy.

La combinación de LRASM y JASSM-ER encaja en esa lógica. Ambos misiles permiten atacar objetivos navales y terrestres desde distancias que los alejan de las defensas enemigas, con plataformas que Australia ya opera. No reemplazan a los futuros submarinos nucleares, pero cubren una ventana de capacidad que de otro modo quedaría abierta durante los próximos años.

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