Un misil de crucero ucraniano con más potencia explosiva que el Tomahawk estadounidense y a una fracción de su costo. Eso es, en síntesis, lo que representa el FP-5 Flamingo, el sistema que Fire Point, una empresa ucraniana fundada en 2022, desarrolló y puso en servicio en medio del conflicto con Rusia.
Números que llaman la atención
Ministerie van Defensie — CC BY-SA 4.0
El FP-5 mide casi 12 metros de largo, pesa 6 toneladas y lleva una ojiva de 1.150 kilogramos, una carga mayor a la que transporta el BGM-109 Tomahawk de la Marina estadounidense. Su rango declarado es de 3.000 kilómetros, suficiente para alcanzar puntos profundos dentro del territorio ruso desde posiciones en Ucrania. El precio unitario ronda los 600.000 dólares, aproximadamente un sexto del costo del misil estadounidense.
Motor de la era soviética
Александр Сигачёв — CC0
Lo que propulsa al Flamingo no es un desarrollo nuevo. El FP-5 usa el turborreactor Ivchenko AI-25TL, el mismo motor que equipó al entrenador L-39 Albatros de la era soviética. Ese origen no es un detalle menor: recurrir a una planta motriz existente, con cadena de producción ya conocida y sin necesidad de desarrollar un motor desde cero, es parte de lo que explica el bajo costo del sistema y la relativa rapidez con que Fire Point logró llevarlo a producción desde su fundación en 2022.
Lo que dice sobre la guerra
El FP-5 Flamingo es un ejemplo concreto de lo que la presión bélica puede producir en términos de desarrollo industrial. Ucrania arrancó el conflicto con escasa capacidad propia de producción de armas de largo alcance y dependencia casi total del suministro occidental. En cuatro años, empresas como Fire Point pasaron de no existir a producir sistemas que, al menos en términos de alcance y carga explosiva declarados, compiten con los misiles más reconocidos del arsenal de la OTAN.
La comparación con el Tomahawk no es casual. El BGM-109 es el misil de ataque terrestre de referencia de la armada y la fuerza aérea estadounidenses, con décadas de desarrollo y un costo que supera los 3,5 millones de dólares por unidad en versiones actualizadas. Que Ucrania haya podido acercarse a esas prestaciones a una fracción del precio refleja una combinación de ingeniería adaptativa, uso de componentes preexistentes y las necesidades urgentes que impone una guerra de desgaste prolongada.
El acceso a misiles de largo alcance fue uno de los debates más sensibles del conflicto desde sus primeras etapas. Los socios occidentales de Ucrania tardaron en autorizar el uso de sus propios sistemas contra objetivos en profundidad dentro de Rusia, entre otras razones por el riesgo de escalada. Que Kiev cuente ahora con producción doméstica de misiles de este rango le da márgenes de acción que no dependen de esas autorizaciones ni de los ritmos de entrega externos.