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La Armada de EE.UU. teme que drones y cohetes antitanque puedan hundir sus submarinos nucleares

La Marina estadounidense reconoció una vulnerabilidad que hasta ahora se discutía poco: sus submarinos de misiles balísticos, el eslabón más crítico de la tríada nuclear, pueden ser atacados con drones y cohetes antitanque, tanto en el mar como en tierra.

7 de septiembre de 2026 • El Lado Correcto
La Armada de EE.UU. teme que drones y cohetes antitanque puedan hundir sus submarinos nucleares
Crédito: U.S. Department of Defense Current Photos Petty Officer 1st Class Amanda Gray/Commander, Submarine Group Nine — Public domain

La Armada estadounidense admitió que sus submarinos de misiles balísticos, los llamados SSBN, enfrentan amenazas para las que hoy no tiene respuestas suficientes. Drones y cohetes antitanque, armas relativamente baratas y accesibles, pueden representar un peligro real para estas plataformas, ya sea mientras operan en superficie o cuando están amarradas a sus bases en tierra. La búsqueda activa de mejores métodos de protección para los submarinos y para las instalaciones costeras que los apoyan es el reconocimiento implícito de que la brecha de seguridad existe.

El problema de fondo

La Armada de EE.UU. teme que drones y cohetes antitanque puedan hundir sus submarinos nucleares

U.S. Navy photo by Petty Officer 3rd Class Drew Verbis — Public domain

Los submarinos de misiles balísticos son el componente más sigiloso y potencialmente más sobrevivible de la tríada nuclear estadounidense, que incluye también bombarderos estratégicos y misiles balísticos intercontinentales en silos. La lógica que los hace valiosos es simple: si un adversario logra destruir los silos y las bases aéreas en un primer golpe, los SSBN en patrulla siguen siendo capaces de responder. Esa garantía de segunda respuesta es la base del equilibrio nuclear.

Sin embargo, la amenaza que preocupa a la Armada no es la de un primer golpe nuclear rival. Es algo más granular y, por eso, más difícil de contener. Drones de ataque, proliferados masivamente por el conflicto en Ucrania y ahora al alcance de actores estatales y no estatales por igual, pueden operar con poca firma electrónica y a bajo costo. Los cohetes antitanque, por su parte, son armas portátiles, de uso extendido en múltiples conflictos, capaces de penetrar blindaje convencional. Ninguna de las dos categorías requiere tecnología de punta ni cadenas de suministro sofisticadas.

Bases en tierra, el talón de Aquiles

La Armada de EE.UU. teme que drones y cohetes antitanque puedan hundir sus submarinos nucleares

U.S. Navy photo by Brian Nokell. (RELEASED) — Public domain

Lo que convierte esta amenaza en algo más que teórico es la vulnerabilidad de las instalaciones terrestres. Un submarino nuclear en patrulla submarina es extraordinariamente difícil de localizar y atacar. Pero el mismo submarino amarrado en su base, reabastecido, en mantenimiento o embarcando tripulación, es un blanco mucho más expuesto. Las instalaciones portuarias que los soportan, con sus muelles, almacenes de torpedos y áreas de acceso, no fueron diseñadas pensando en ataques con drones ni en fuego de precisión portátil.

Esta vulnerabilidad no es exclusiva de los SSBN. La guerra en Ucrania mostró que la infraestructura naval puede ser atacada eficazmente con medios asimétricos: el hundimiento del crucero Moskva y los ataques con drones navales a bases de la Flota del Mar Negro cambiaron la percepción del riesgo en todas las marinas del mundo. Que la Armada más poderosa del planeta esté revisando sus doctrinas de protección en este sentido es consecuencia directa de esas lecciones.

La otra cara del dilema submarino

La Armada de EE.UU. teme que drones y cohetes antitanque puedan hundir sus submarinos nucleares

Wikimedia Commons — Public domain

El debate sobre las vulnerabilidades de los SSBN estadounidenses coincide con una evaluación más amplia sobre el estado de los submarinos convencionales rusos, en particular los de la clase Kilo. El analista naval H.I. Sutton señaló recientemente que el apodo de "agujero negro" que ganó el Kilo durante la Guerra Fría necesita matices: la clase era silenciosa en comparación con los submarinos soviéticos que reemplazó, que eran extraordinariamente ruidosos, pero no hay evidencia de que supere en sigilo a los mejores diseños occidentales actuales. Además, los Kilo carecen de propulsión independiente del aire, lo que limita cuánto tiempo pueden permanecer sumergidos sin necesidad de recargar baterías.

Rusia vendió los Kilo en lotes tanto a China como a Irán, lo que implica que dos de los adversarios estratégicos clave de Washington operan submarinos con capacidades reales aunque acotadas. El contexto importa: si la Armada estadounidense está revisando cómo proteger a sus propios SSBN de amenazas asimétricas baratas, parte de esa preocupación tiene que ver con actores que ya operan submarinos capaces de aproximarse a zonas de interés sin ser detectados fácilmente, al menos en determinadas condiciones.

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