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La Armada estadounidense busca diseños aliados para reemplazar la fragata que fracasó

Tras el colapso del programa de la clase Constellation, la Marina de EE.UU. evalúa diseños de Corea del Sur, Turquía y Japón para desarrollar su próxima fragata.

2 de septiembre de 2026 • El Lado Correcto
La Armada estadounidense busca diseños aliados para reemplazar la fragata que fracasó
Crédito: elegida por el editor — verificada por el editor

El programa de fragatas clase Constellation naufragó antes de producir un solo buque operativo, y ahora la Armada estadounidense mira hacia sus aliados para encontrar una salida. Según Zona Militar, Washington estudia diseños de Corea del Sur, Turquía y Japón como base para desarrollar una nueva fragata capaz de cubrir misiones que hoy realizan buques de mayor porte.

Un programa que no arrancó

La Armada estadounidense busca diseños aliados para reemplazar la fragata que fracasó

Cjwilks1 — CC BY-SA 4.0

La clase Constellation fue concebida para modernizar la flota de superficie de la Armada estadounidense con una fragata de combate de capacidades intermedias, más barata y producible en mayor número que los destructores de la clase Arleigh Burke. El programa, adjudicado a Fincantieri Marinette Marine y basado en el diseño de la fragata italiana FREMM, acumuló demoras, sobrecostos y problemas de gestión que terminaron por comprometer su viabilidad. La Armada nunca llegó a recibir el primer buque, y la administración tomó la decisión de revisar el rumbo completo del proyecto.

El fracaso no es un caso aislado en la historia reciente de la adquisición naval estadounidense. El programa del Littoral Combat Ship (LCS) también generó controversias profundas por sus limitaciones operativas y sus costos de mantenimiento. Ambos casos reflejan una tensión estructural dentro del sistema de adquisiciones del Pentágono: la dificultad de diseñar plataformas nuevas desde cero bajo presión presupuestaria y con requisitos que cambian durante el desarrollo.

Los candidatos externos

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Antes de invertir en un diseño propio, la Casa Blanca y la Armada decidieron analizar qué tienen los aliados. Los tres países bajo evaluación cuentan con industrias navales de primer nivel y fragatas en servicio activo o en desarrollo avanzado.

Corea del Sur opera la fragata FFX Batch III, una plataforma moderna con capacidades antiaéreas, antisubmarinas y de superficie, producida por HD Hyundai Heavy Industries y Hanwha Ocean. Turquía avanza con el programa MILGEM, una corbeta/fragata de diseño nacional que ya exportó a varios países y cuya variante más grande, el TF-2000, apunta a roles de defensa aérea de área. Japón, por su parte, desarrolla sus propias fragatas dentro del programa 30FFM, conocidas como clase Mogami, orientadas a la versatilidad y a la operación con dotaciones reducidas.

Ninguno de estos diseños sería adoptado tal cual. La lógica detrás de esta evaluación es usar una plataforma probada como punto de partida para un desarrollo adaptado a los requisitos específicos de la Marina estadounidense, reduciendo el riesgo técnico y acortando los plazos de entrega respecto a un programa enteramente nuevo.

Por qué importa ahora

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Official Navy Page from United States of America MC2 Brittney Cannady/U.S. Navy — Public domain

La Armada de EE.UU. enfrenta una brecha real en su flota de superficie. Los destructores Arleigh Burke son buques capaces pero costosos, y la flota necesita unidades de menor escala para misiones de escolta, patrulla oceánica y presencia en zonas de fricción sin comprometer activos de alto valor. La fragata debía llenar ese espacio. Sin ella, la Marina opera con un vacío de capacidades que se vuelve más visible a medida que las tensiones con China en el Indo-Pacífico y con Rusia en el Atlántico Norte exigen mayor presencia distribuida.

La decisión de mirar hacia diseños aliados tiene además una lectura política. En un momento en que Washington busca profundizar la integración industrial con socios estratégicos, encargar o co-desarrollar una fragata con Corea del Sur, Turquía o Japón tendría implicancias que van más allá de lo técnico. Involucraría transferencia de tecnología, acuerdos de producción compartida y un fortalecimiento de la base industrial de defensa de esos países, con todo lo que eso implica en términos de interdependencia y alineamiento estratégico.

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