El 31 de agosto, el Ministerio de Defensa de Japón presentó su solicitud presupuestaria para el año fiscal 2027, que arranca en abril de ese año. El número es histórico: 8,9 billones de yenes, equivalentes a unos 55.500 millones de dólares. La cifra supera todos los pedidos anteriores y refleja un ritmo de expansión militar que Tokio sostiene desde que en 2022 decidió duplicar su gasto en defensa a lo largo de cinco años.
Misiles y capacidad ofensiva
Z22 — CC BY-SA 3.0
Entre los sistemas que el ministerio busca incorporar aparecen misiles de largo alcance para lanzamiento desde submarinos y módulos de misiles para drones submarinos. Breaking Defense también menciona la búsqueda de proyectiles de alcance extendido para aeronaves, aunque sin detallar modelos específicos en el resumen disponible. El eje ofensivo del pedido marca un giro respecto a décadas de doctrina estrictamente defensiva: Japón lleva varios años construyendo capacidad de contraataque que le permita golpear blancos más allá de sus propias costas, algo que hasta hace poco era territorio político prohibido.
Fragatas, submarinos y no tripulados
https://www.mod.go.jp/msdf/index.html 海上自衛隊 — CC BY 4.0
Naval News destaca que el pedido también incluye una nueva fragata FFM y un vehículo de superficie autónomo experimental (ASEV), además de submarinos. Las fragatas FFM son un programa en curso de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón: naves de tamaño mediano pensadas para operar con tripulaciones reducidas y mayor automatización. El ASEV, por su parte, forma parte de la apuesta japonesa por sistemas no tripulados en el dominio marítimo.
El ministerio enmarca buena parte de este pedido bajo el concepto de adaptarse a lo que llama "nuevas formas de guerra", con énfasis explícito en inteligencia artificial y activos no tripulados. La lógica es conocida en los estados mayores de la región: los drones baratos y los enjambres de sistemas autónomos están cambiando el cálculo de cómo se gana o se pierde un conflicto naval o aéreo, y Japón no quiere llegar tarde.
El contexto estratégico
Jidanni — CC0
El telón de fondo de este presupuesto es el entorno de seguridad en el noreste asiático. China amplía sostenidamente su flota y su presencia en el Mar de China Oriental y el Estrecho de Taiwán. Corea del Norte sigue probando misiles balísticos. Y Rusia, aunque más distante geográficamente, es hoy un actor que Tokio ya no descarta en sus cálculos de planificación. Ante ese panorama, la decisión japonesa de 2022 de llevar el gasto en defensa al 2% del PBI en cinco años le dio a los sucesivos presupuestos un mandato político claro: crecer, y hacerlo rápido.
La solicitud presentada ahora tendrá que pasar por el proceso de aprobación del gobierno antes de convertirse en presupuesto definitivo. Pero la dirección que marca es coherente con lo que Tokio viene haciendo: más capacidad de largo alcance, más autonomía en sistemas no tripulados, y una Fuerza Marítima de Autodefensa que gradualmente se parece menos a una fuerza puramente reactiva.