EE.UU. refuerza su estructura de seguridad en América Latina con nuevos organismos bajo SOUTHCOM
El Comando Sur del ejército estadounidense creó una fuerza de tarea y un cuerpo coordinador que anticipan una mayor presencia operativa en la región.
El Comando Sur del ejército estadounidense creó una fuerza de tarea y un cuerpo coordinador que anticipan una mayor presencia operativa en la región.
El Comando Sur de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos (SOUTHCOM) formalizó la creación de dos nuevas entidades de seguridad orientadas a América Latina, una fuerza de tarea y un organismo de coordinación, una movida que, según Defense One, sugiere que el comando percibe una necesidad creciente de cooperación en la región.
El anuncio es escueto en detalles operativos, pero el gesto institucional habla por sí solo. Crear estructuras formales dentro de un comando militar no es una decisión administrativa menor: implica presupuesto asignado, personal dedicado y, sobre todo, una señal de intención hacia los aliados y socios regionales. En el lenguaje de la burocracia de defensa estadounidense, una fuerza de tarea es una unidad temporal o permanente diseñada para un objetivo concreto, mientras que un cuerpo coordinador cumple la función de articular esfuerzos entre distintas agencias, fuerzas o países. Que SOUTHCOM haya creado ambas en paralelo indica que el comando busca tanto capacidad de acción como coherencia institucional en sus operaciones latinoamericanas.
Touch Of Light — CC BY-SA 4.0
SOUTHCOM lleva años siendo, en términos relativos, el comando combatiente con menor peso presupuestario y operativo dentro de la estructura militar estadounidense. Durante décadas, la atención de Washington estuvo puesta en el Pacífico, el Indo-Pacífico y el Medio Oriente, mientras que América Latina quedaba en un segundo plano salvo en cuestiones de narcotráfico, migración o episodios de crisis puntuales.
Ese esquema de prioridades viene mutando. La creciente presencia de China en la región, a través de inversiones en infraestructura, acuerdos comerciales y vínculos diplomáticos con gobiernos de distinto signo, más la influencia de Rusia en algunos países del continente, pusieron a América Latina de nuevo en el radar estratégico de Washington. La instalación de bases navales y estaciones de seguimiento satelital chinas en países de la región fue un punto de inflexión en cómo el Pentágono evalúa el hemisferio occidental.
A eso se suma el deterioro de la seguridad en varios países del área. Las redes del crimen organizado transnacional, con ramificaciones en el tráfico de drogas, armas y personas, se volvieron más complejas y con mayor capacidad de corromper instituciones estatales. Desde el punto de vista de SOUTHCOM, esas redes no son solo un problema de orden público local: son actores que pueden ser explotados por potencias adversarias o que directamente desestabilizan a socios clave para Washington.
Staff Sgt. Jason Miller, 1st Bn, 353rd Reg — Public domain
La creación de estas dos entidades no implica, por sí sola, un despliegue inmediato de tropas o el inicio de operaciones encubiertas. Lo que sí hace es construir la arquitectura institucional necesaria para que ese tipo de operaciones sean más ágiles si se decide ejecutarlas. En la práctica, eso puede traducirse en mayor intercambio de inteligencia con fuerzas locales, ejercicios conjuntos más frecuentes, o presencia de asesores militares en países que acepten ese tipo de cooperación.
Para Argentina, el movimiento es relevante aunque no sea el destinatario directo inmediato. El país mantiene una relación de cooperación histórica con SOUTHCOM, participa de ejercicios multinacionales y tiene interés en fortalecer sus capacidades frente a amenazas transnacionales. Cualquier reconfiguración en la arquitectura de seguridad del Comando Sur termina afectando, de una manera u otra, los equilibrios y las expectativas que los países del continente tienen respecto al papel de Washington en la región.